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El fantasma de la AOC


La ley de la gravedad es inexorable y toda caída conduce inevitablemente a la torta contra el suelo. Esto suele estar muy claro para todos, menos para muchos políticos, que montan sus ficciones de cara a la galería convencidos -en su ignorancia o en su corrupción, según el caso- de que nunca llegará el momento fatal del impacto. Pero llega. A veces salvan los huesos gracias a algún astuto paracaídas, bien, pero de cualquier modo, una vez se salta al vacío, el sentido de la marcha es hacia abajo, sin más vuelta de hoja.




¿Cuánto hace que dijimos nosotros, a una sola voz con Hispalinux y con Softcatalà, que la cacareada ?Administració Oberta de Catalunya? era un apaño cuya cabeza visible, CAT365, escondía un entramado de empresas realmente denso y opaco del que sobresalían, no obstante, T-Systems, Accenture y la inevitable Micro$oft? Pues, salvo error u omisión, la primera voz pública la dimos hacia septiembre del 2002; la privada, como si dijésemos, la habíamos dado en mayo de ese mismo año durante la asamblea anual de la Asociación de Internautas que se celebró en Barcelona; el representante de CAT365, que fue allá a vendernos la moto, se llevó una buena catilinaria de quien esto escribe. Seguramente le habrían explicado -a saber quién y dónde- que iba a hablar ante unos ?tecnoguays? que meaban colonia cuando se trataba de Internet y que todo lo que tenía que hacer era eludir el espinoso tema del software libre para encontrarse ante una concurrencia dulce, entregada y entusiasta..

Naturalmente, nadie nos hizo caso. Fuera de la red, ni los medios ni el común de los ciudadanos se preguntaron cuál fue el coste de la AOC, cuál su necesidad en aquel momento y cuál su eficiencia tal como se había montado. Los excéntricos que clamamos para que antes de montar ?e-administraciones? de cartón-piedra se cerrara la brecha digital que, tanto en lo social como en lo territorial afectaba gravemente -y sigue afectando- a los ciudadanos de Catalunya, fuimos tratados de enemigos de la patria y casi casi de la civilización occidental. En una ocasión, en ese mencionado septiembre del 2002, se nos recibió para negociar no se sabe muy bien qué, pues la reunión fue una mal disimulada petición de silencio para no alborotar al gallinero, con pocas ganas de, siquiera, considerar nuestras peticiones que inicialmente tampoco iban muy allá: para empezar -y aún antes de hablar de software libre y de muchas otras cosas- sólo pedíamos que CAT365 fuera un portal asequible, es decir, compatible con todos los navegadores y sistemas operativos; se nos contesto viniendo a decir que eso era pedir la luna y que adiós muy buenas. Y, como ya ha sido dicho aquí mismo, CAT365 continuó su hilito vital -es difícil llamar ?vivo? a eso- de forma lánguida y agónica, ante la general indiferencia ciudadana.

Dos años largos después, el Departament d?Economia de la Generalitat de Catalunya ha descubierto la sopa de ajo: según «El Periódico de Catalunya» de esta misma fecha (http://www.elperiodico.com) que cita la auditoría realizada por el mencionado Departament, la adjudicación del proyecto AOC a T-Systems fue irregular y no respetó los principios de publicidad y concurrencia. Una de las irregularidades, según parece ser evidente ahora, es que esta adjudicación fue una cortina de humo para disimular lo que no fueron sino adjudicaciones directas; precisamente -siempre según «El Periódico» aludiendo al informe de la auditoría- de una de estas presuntas adjudicaciones directas camufladas fue beneficiaria Accenture, de la que recordaremos nuevamente que desciende de Arthur Andersen Consulting y que Arthur Andersen ya estuvo de alguna manera implicada en un colosal fraude en los Estados Unidos. Digamos, según las fuentes citadas, que T-Systems facturó a la administración catalana 160 millones de euros durante el año 2003.

Nunca es tarde si la dicha es buena, aunque haya mediado una auditoría posiblemente costosísima para llegar a conclusiones que nosotros formulamos ya hace dos años sin costo alguno para el ciudadano. Quizá en las alturas de la administración pública de Catalunya alguien haya empezado a llegar a la conclusión de que, lejos de ser enemigos de patria alguna, nos preocupan los problemas que, en nuestra ámbito de actuación, afectan gravemente a la ciudadanía y al territorio, afectación especialmente importante en Catalunya, que está llevando un atraso considerable y creciente no sólo en relación a Europa sino incluso en comparación con regiones de España que no hace mucho tiempo formaban parte de nuestro imaginario del subdesarrollo. Es posible que algún político empiece a darse cuenta de que el principio de la solución de los problemas consiste en señalarlos y, en lo posible, diagnosticarlos, y que ello no implica estar vendido a intereses espúreos ni obedecer a conspiraciones judeomasónicas, porque esta es la tarea que, justamente, corresponde a la sociedad civil organizada cuando los políticos no hacen bien sus deberes.

Que no sea nada el 2005.

Javier Cuchí es miembro de la Asociación de Internautas

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