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La patada en el suelo


Avalancha en Internet contra el canon. Internet lanza un grito unánime contra el canon. «Todos contra el canon digital». Bueno, pues así están las cosas ahora.




En septiembre de 2003, la $GAE forzaba a ASIMELEC (y a otras entidades que agrupan a fabricantes y comercializadores de soportes digitales) a firmar un acuerdo por la que éstas se comprometían a pagar al engendro de los cuatro autores y medio (y otros setenta mil -más o menos- casi sin voz y sin nada de voto) una cantidad por cada soporte digital vendido en concepto de remuneración compensatoria por no sabemos muy bien qué. Con ello, ASIMELEC se quitaba de encima la molestia de tres o cuatro sentencias (en primera instancia: no ofreció ASIMELEC resistencia precisamente numantina) que condenaban a la entidad a ese pago, en algún caso con considerandos que, por berroqueños, pintorescos, inusitados, sorprendentes, inauditos, inverosímiles, indocumentados y fantásticos, deberían devengar derechos económicos de autor (y, en algún caso, de autora). Y con ello, ASIMELEC condenaba a toda la ciudadanía (a la que en definitiva trasladaba graciosa y alegremente el pago del canon) al pago de un diezmo que pasó a constituir una pesadísima rémora sobre y contra el desarrollo tecnológico español, diezmo del que es beneficiaria una exigua jet set afecta a (y sostenedora de) la clase dirigente de la $GAE y del que ni siquiera se enteran la mayoría de los autores, honorables y paupérrimos profesionales o meritorios aficionados, forzosamente -de hecho- afiliados a la organización en cuestión, gracias a una organización y unos estatutos absolutamente antidemocráticos e inconstitucionales.

La campaña Sin Canon no nació entonces; existía ya con bastante anterioridad gracias a una iniciativa desarrollada desde Hispalinux y, por supuesto, desde la propia Asociación de Internautas, ante no los rumores sino las reclamaciones y exigencias claras, tonantes y contundentes de esa especie de satrapía de la $GAE, indisimuladamente ávida de dinero y mucho más disimuladamente poco dispuesta a repartirlo con cierta equidad siquiera entre sus propios miembros.

Los dirigentes de la $GAE, que como todo aquel que ostenta un poder poco o nada democrático suelen creerlo omnímodo, incontestable y blindado, ignoraron nuestras protestas, ignoraron nuestro clamor e ignoraron nuestros avisos de que el canon desencadenaría una guerra que nadie deseaba, y menos en la AI o en Hispalinux, con muchísimos y muy importantes frentes abiertos entonces (y ahora) como para andar perdiendo el tiempo con gentecilla marginal. Y el canon se puso en marcha mientras el PP, que tanto se queja ahora de los cánones, miraba para otro lado en plan no sabe/no contesta.

Prácticamente en el mismo momento (en la AI se supo del acuerdo $GAE-ASIMELEC y otras a finales del mes de julio de ese año) en la Asociación de Internautas nos pusimos en marcha contra el canon acompañados por muchas otras entidades de la red y, por supuesto, de muchísimos internautas no afiliados a entidad alguna pero indignados todos, como un solo hombre, contra una agresión sobre cuya naturaleza no había discusión ni discrepancia alguna entre nosotros (excepto, quizá, en el grosor de los calificativos, importante en el más moderado de los casos, y sin otra -y lamentada- limitación que el imperativo legal). Lo que se consiguió, en primera y algo sorprendente instancia, fue una resonancia mediática (mediática convencional, se entiende, porque en lo digital ya estaba la cosa más que al rojo) en pro de la cual trabajamos muchísimo todos pero sin esperar un éxito tan grande. Esa fue la gran señal de que la red estaba bajando a la calle y de que la ciudadanía, toda la ciudadanía (y no un reducido grupo de tecnoguays), acusaba el puyazo del lobby de don Teddy. Naturalmente, don Teddy y su corte de los milagros perseveraron en su actitud de ignorar y ningunear la indignación ciudadana pensando, seguramente entre otras cosas más inconfesables, que ya bajaría la marea cuando los niñatos se cansasen. Error de previsión y error táctico. La marea no bajó -al contrario, se incrementó- y para cuando el teddysmo intentó reaccionar ya era tarde: la $GAE, que hasta entonces era un mal acrónimo que al ciudadano común le sugería más o menos lo mismo que DL (depósito legal), DGS (Dirección General de Sanidad) o demás cosas raras que se leen y ven con indiferencia en los etiquetados de los productos alimenticios, en las páginas marginales de los libros, o en un oculto rincón de los discos y cassettes como algo que está ahí, que no se sabe qué es y que se supone -sin saberse por qué- que es normal que esté, pasó a hacerse patente en la ideología colectiva, dentro y fuera de la red, como el logotipo y arquetipo del expolio indiscriminado, injusto y dictatorial. Tanto es así, tan sorprendido e indignado estaba el teddysmo, que hasta a su sumo pontífice se le escapó, en una traición del subconsciente, aquello tan bonito de «[...] Antes no había asociaciones de internautas, ni comunidades electrónicas, y ahora cualquier pendejo electrónico está construyendo la nueva democracia digital». Dejó claro que la democracia (la digital, la que no controla, y no como la otra) no le sienta nada bien a su santidad don Teddy y, bueno, ¿para qué vamos a engañarnos? los pendejos electrónicos nos partíamos de risa. Creo que apenas dos o tres días después de aparecer esta maravillosa frase en «El País» (¿dónde, si no?) ya se había fundado un grupo musical con ese nombre.

En vez de escarmentar, en vez de entonar un sabio -aunque improbable- hasta aquí hemos llegado, vamos a consolidar lo que tenemos y mejor no meneallo no sea que todavía volvamos hacia atrás optaron por la táctica contraria, exigir cánones sobre aún más elementos tecnológicos (prácticamente, sobre todos). En un primer momento, yo, personalmente, pensé que tras esta exigencia -profusamente adornada de globos-sonda- se ocultaba una maniobra destinada a que la ciudadanía se tomara el canon de los CD y DVD como mal menor y aceptara un pacto implícito de tragar con el canon tal como está (y callarse ya de una vez) a cambio de no tener que sufrir más cánones. Es más, todavía ahora sigo estando seguro de que en aquel momento (que puede ubicarse entre septiembre de 2003 y abril de 2004, quizá dos o tres meses más) ésa era la idea. Pero la victoria socialista y el sometimiento incondicional del ministerio de Cultura (o sea, del Gobierno) a los designios de la $GAE (a la cabeza de la práctica totalidad de las entidades de gestión de derechos económicos de autor) en pago de una deuda cuya cuantificación en ambos sentidos ignoramos todos, hizo pensar a sus gestores que la extensión y universalización total de los cánones por copia privada no solamente pasaba a ser verdaderamente posible sino ciertamente probable. Y lo que hasta entonces había sido una serie de estudiados globos-sonda, pasó a formar parte del cuerpo de la factura. Este fue el viaje a la fuente que rompió el cántaro y, ante la escandalera social que se armó, el propio ministro Montilla tuvo que intervenir para asegurar que las conexiones ADSL y los discos duros no serían objeto de canon de ninguna manera (aunque dejó en suspenso otros elementos tecnológicos).

La semana pasada apareció un manifiesto anti-canon que ya no sólo emitían dos o tres entidades de la red (bien que suscitando el completo acuerdo de la práctica totalidad de sus usuarios) sino que también fue suscrito por entidades representativas de la sociedad civil: sindicatos, asociaciones de consumidores, colegios profesionales, asociaciones empresariales (¡la propia ASIMELEC!); y no es en absoluto descabellado esperar más adhesiones igualmente significativas en los próximos días.

La sociedad civil, la de dentro y de fuera de la red, toda ella, se ha rebotado y eso es -en mi opinión- lo más valioso de este manifiesto, cosa que me hace obviar, al menos en este momento, alguna objeción que se me ocurre, como, por ejemplo, la postura favorable a las protecciones anticopia, por razones que ahora no voy a exponer pero que, sin duda habré de hacerlo (habremos de hacerlo, puesto que me parece que no soy en absoluto el único en esa discrepancia). También, en cambio, habrá que matizar algunos comentarios de la prensa de papel que parecen indicar que este manifiesto pide no más cánones cuando, en realidad, lo que está clamando es no a los cánones, a los futuros... y a los ya impuestos. Este no es el fin de la guerra contra el cánon de los CD y DVD: es su continuación y ojalá (aunque no creo), por fin, su culminación.

Bueno, pues el PSOE ya tiene lo que temía y los ciudadanos de la red (que a medida que vamos siendo cada vez más, a pesar de las trabas de los políticos y de los precios abusivos, ya iremos no necesitando el apellido) ya vamos llegando a lo que ansiábamos desde hace tiempo: que las barbaridades que se están cometiendo empiecen a tener un coste político cuyo siguiente paso será lograr que tengan un coste electoral. Vamos a trabajar para que este coste sea ya valorable de cara a las próximas elecciones; quedan tres años y en la red tres años son casi el infinito, aunque la calle sea algo más lenta.

Coincide este manifiesto con la convocatoria de una huelga de las universidades españolas contra las patentes de software, materia en la que los últimos gobiernos -tanto PSOE como PP- no han hecho las cosas propiamente mal, pero sí que se han tomado mucho a la fresca, supongo que por supina ignorancia de la materia y porque el coste político interior de oponerse en la Comisión europea -de forma prácticamente simbólica- a las mismas era barato. También esta ganga se puede acabar.

Poco a poco, a los políticos no les va a ir quedando más remedio que adquirir una cultura tecnológica mínima, la suficiente, cuando menos, para que se den cuenta cabal de la inmensa importancia que tiene para el futuro de este país lo que está ahora mismo encima de la mesa, para que se percaten de que hay deudas que no pueden pagarse a costa de volver a meter a España de nuevo en el atraso secular del que habíamos conseguido salir después de muchos años, de mucho esfuerzo y, ojo, de mucha sangre.

Cosas tremendamente graves, demasiado graves para supeditarlas a la ambición desmedida de colectivos que, en su ceguera y en la ostentación de un poder fáctico -de realidad un tanto cuestionable- mal adquirido y peor ejercido, han perdido el tren de la tecnología y, con él, el de los tiempos.

Que no lo pierda también un Gobierno y, con él, una nación entera.

Articulo de Javier Cuchí en el Incordio







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