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El canon de la discordia


El canon aplicado a los CDs y DVDs vírgenes ha vuelto a salir a la palestra. Desde que hace un mes el Senado aprobara la supresión de este impuesto, muy a pesar de los pesares de la $$$$, que se dejó una buena pasta en anuncios a toda plana en periódicos de tirada nacional, han empezado a oírse voces en uno y otro sentido.




Asimelec se ha quejado de que el canon ahoga el margen de beneficio de los fabricantes. Según el estudio, el 40% del precio final de un CD virgen es canon, un porcentaje que se eleva al 60% en el caso de los DVD-R, lo que supone un sobrecoste que permite competir con ventaja a entidades que de manera fraudulenta venden estos soportes sin pagar el canon.

También hay globos sonda que terminan por asustarnos mucho: planea en el aire un posible canon sobre discos duros y sobre líneas ADSL, pero fue desmentido por la ministra de cultura, aquella que confundió el latinismo Dixit con el ratón enemigo del gato andaluz. Ante tal escenario, los artistas se han erigido en los nuevos sacerdotes y nos acusan de nuestro nefando pecado: copiar música.

Ellos, los tocados de la gloria, ultrajan a sus potenciales clientes y sueltan desatinos del siguiente calibre, que parece de pistola de feria: "La copia privada no es un derecho de los consumidores", ha dicho Pilar Bardem, presidenta de AISGE (Artistas Intérpretes Sociedad de Gestión) y se ha quedado tan pancha.

Señor, aparta de mí este canon.

Matías Gali en la B!tácora de Computer Idea

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