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¿Crisis del disco o de la música?


Anteayer Madrid Rock cerraba sus puertas después de 24 años vendiendo discos en la Gran Vía madrileña. Son malos tiempos para la lírica, y el cierre de esta legendaria tienda es síntoma de la dificultad de sobrevivir al mercado globalizado y símbolo de los aires que actualmente mueven el mundo de la música.




Casi simultáneamente, a escasos metros de allí, en su bonita sede de la calle Fernando VI —pronúnciese “bi”—, la paradójicamente próspera Sociedad General de Autores (SGAE: Sólo Ganamos Ajenos Estipendios) presentó su Anuario de las Artes Escénicas y Audiovisuales 2005 sobre, cosas de este país, datos del año 2004. Sin aclarar si por ello la SGAE iba a cobrar menos a bares y pubs, el dato más notable del informe es la caída del 15% de las ventas de discos en España. Eduardo “Teddy” Bautista —presidente del Consejo de Dirección, ex músico y sobresaliente asalariado de nuestra “cultura” más institucionalizada— dijo que el mercado discográfico español “se desploma”.

Es cierto que este fenómeno tiene alcance mundial, pero en España las cifras son mayores, quizás porque aquí Internet, en la Prehistoria, tiene todavía un amplio margen de crecimiento. Las descargas internáuticas, junto a los top manta, suelen ser las principales causas aducidas para explicar la crisis del sector. Y seguramente tienen parte de culpa. Pero a mi entender, tienen tanta o mayor importancia los siguientes factores:

- El más importante, quizás, sea la despreocupación reinante a la hora de adquirir obras artísticas a bajo precio en la calle o gratis en la Red. La amoralidad, que parece ser la propuesta de algunos, no tenía por qué ignorar el mercado audiovisual.

- En Londres una libra, aunque en pesetas cueste casi el doble, equivale a un euro. Allí un café cuesta alrededor de una libra, como aquí de un euro. Sin embargo, los discos son, proporcionalmente, un 40% más baratos. En España, salvo las ofertas de los hipermercados, los CDs son muy caros. Como los DVDs, como los libros. La Cultura en España es, por precio y por público objetivo, un lujo.

- Las listas de discos más vendidos suelen estar lideradas por productos de Operación Triunfo o aspirantes a Georgie Dann como David Civera o Álex Ubago o engendros televisivos como UPA Dance y Santa Justa Klan. Junto a ellos, los nacionales El Canto del Loco o La Oreja de Van Gogh; ultramarinas como Brittney Spears, Paulina Rubio y demás hijas de las Spice Girls; y finalmente, grupos importados como Oasis o The Strokes. Ya no hay música, sino marketing. Y en el mundo de los negocios, que no del arte, vale todo.

- Las raras excepciones de calidad bien —como Jet o The Nuggets— son incapaces de competir en un mercado dominado por las grandes multinacionales, bien —como Estopa, Alejandro Sanz, Radiohead, The Foo Fighters, The Corrs— carecen del suficiente carisma para alcanzar el cielo de las “megaestrellas”.

- Los grupos —U2, REM, Rolling Stones— y cantantes —Bruces Sprinsgteen, Madonna— capaces de llenar grandes estadios ya tienen sus años, y sus fans todos sus discos. Los candidatos a ocupar su lugar, como Alanis, Lenny Kravitz o The Corrs, no terminan de dar el salto que convirtió a aquellos en “mitos”. ¿O es que en este mundo pequeño e “inmediato” ya no tienen cabida las “beatlemanías” que, además de niñas guapas, produzcan canciones memorables?

- Ya no hay voces como las de Frank Sinatra, Elvis o Nino Bravo ni compositores como Leiber/Stoller, Porter o Algueró. ¿Fue antes el huevo o la gallina?

- En los últimos años, la mejor música hecha por gente más o menos nueva —Norah Jones, Diana Krall, Estrella Morente, Bebo y El Cigala...— pertenece a géneros —jazz, flamenco— que afortunadamente nunca dejarán de ser minoritarios. Sus éxitos son esporádicos, y rara vez repiten.

- El panorama musical, sin duda influido por la mediocridad creciente que adorna Occidente, se ha visto invadido por unas “¿músicas?” idóneas para bailar en la calle o “flipar” en una discoteca, pero no para gastarse unos cuartos en sus discos —que las “pirulas” tienen su precio—. La propagación, a modo de plaga, del dance, bacalao y variantes, junto a la del rap, el hip-hop y variantes, demuestra que los ejecutivos discográficos actualmente saben tan poco de música como de ética. Pero es un fenómeno tan apabullante que magníficas cantautoras como Jewell terminan vendiéndose a la moda.

La tecnología ha acabado con el virtuosismo. ¡Viva el chunda-chunda!

Éstos son algunos de los muchos factores que agravan la “crisis del disco”. Todo conecta con todo y, en algún momento, además de Madrid Rock, también desaparecerá Virgin. La SGAE, no obstante, sobrevivirá... siempre.

Opinion de Daniel Martín en La Estrella Digital .-

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