Viva la tecno


Creo que nos estamos quedando atrasados todos los que escribimos, no haciéndolo para Internet directamente




Maruja Torres en El País . Hubo un tiempo en que el fotógrafo y yo pedíamos una habitación de hotel por horas y todo el mundo creía que estábamos liados; en realidad, era para que él pudiera revelar sus fotos en la pila del lavabo y mandarlas por fax, y para que yo dictara por teléfono, a gritos, mi crónica. Como saben, Digitolandia acabó con eso.

Un silbido de mi móvil me avisa de que tengo un mensaje. Lo leo. Robin Cook ha muerto inesperadamente. Uno menos contra la guerra de Irak. Dirán luego que hay justicia. Como me encuentro en la terraza de un hotel de El Escorial y no tengo ganas de subir a mi habitación para conectarme a Internet, pido un gin tonic en homenaje al ex ministro laborista muerto y me pongo a navegar por El País Digital usando los misteriosos mecanismos de mi teléfono de bolsillo. Un recorrido bastante satisfactorio, desde el punto de vista de obtener información rápida, corta y seria, interrumpido de vez en cuando por los mensajes que también recibo gracias a mis suscripciones a la prensa rosa, sobre todo a Hola.es, que me ponen al corriente de los diferentes embarazos en curso: Mar Flores, etcétera. El otro día me metí en Qué me dices y me salió la foto de Lolita en top less en la playa: me pegó un sustazo. No por ella, que está muy bien, sino por mí, que me sentí culpable e invadiendo la intimidad. Para estas cosas no hay como Hola, que de pura discreción para con su parroquia, a estas alturas (mediodía del domingo) todavía no se ha atrevido a mensajearme que Carlota de Mónaco ha ingresado en la cofradía familiar de las madres desenfrenadas.

Dirán ustedes que me ven muy partidaria de las tecnologías y les responderé que sí. Morí de placer cuando, hace un par de días, leí que The New York Times ha decidido unificar sus redacciones, la digital y la de toda la vida. Me parece un gesto de inteligencia y otro de clarividencia, que acabará de una vez por todas con esa manía de juzgar la información digitalizada como un subproducto, y de que hasta entre profesionales arruguemos la nariz ante los periodistas digitales. Creo que la fusión de los unos con los otros enriquecerá a ambas facetas del periodismo, que en realidad son la misma. Claro que esas redacciones fusionadas, y tendentes cada vez más a expresarse en pantalla (es inevitable, hay que afrontarlo: es el ordenador lo que ya muchos llevamos bajo el sobaco, no el periódico), tendrán que ser más numerosas y deberán crearse turnos de idéntica calidad, es decir, alta. O eso, o nos quedamos fuera del asunto.

Esta revelación tecnológica que acabo de compartir con ustedes la tuve cuando, hace un par de meses, comí con unos amigos periodistas y con los dos hijos adolescentes de alguno de ellos, chico y chica. Durante el almuerzo, ninguno de los jóvenes nos hizo el más puñetero caso. Mientras nosotros hablábamos de nuestro oficio, de la política y de otras temáticas que acontecen en la rúa, cada chaval y chavala permanecía inmerso en su propio mundo, escuchando música y aislado de nosotros por sus auriculares. Hasta que dije (o más bien rugí):

-Creo que nos estamos quedando atrasados todos los que escribimos, no haciéndolo para Internet directamente.

La nena se arrancó los auriculares (el nene siguió con la música: ellos son pelín más pavos, a la edad del ídem) y, con los ojos brillantes, me preguntó por qué pensaba eso (debía de creer que para escribir uso la Piedra Rosetta):

-Porque eso permite, tanto a reporteros como a columnistas, contar con la posibilidad de ir enriqueciendo y ampliando nuestros artículos, e incluso cambiándolos, conforme nos enteramos de lo que ocurre. Por ejemplo, yo escribí una columna contra Londres porque nos había soplado los Juegos Olímpicos, con tan mala fortuna que se publicó la mañana en que Londres sufría los atentados terroristas. Da mucho apuro ver lo antiguos que los diarios quedan cada mañana. Cuánto mejor no sería informatizar a todo el mundo, e informar permanentemente a todo el mundo.

-¿Tú lees? -pregunté a la adolescente.

-Sí, claro. Y escribo. Tengo una blog. Todos mis amigos tienen su blog.

Toma castaña.

Como es lógico, en la mesa hubo división de opiniones y se estuvo en mayoría a favor del diario en papel. Somos sentimentales y nos aferramos a lo que hemos conocido siempre. Pero todo soporte pasa, como pasó el rollo de papel pergamino. Lo que no pasa es el contenido, el fin.

SSSSSSS. Mensaje: Blair dice que Cook fue un gran hombre. Pues vaya.

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