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OPINIÓN DE ENRIQUE DANS

Teddy Bautista, la atrevida ignorancia y la burda intoxicación


Hay veces en las que lees unas declaraciones, y te planteas si la persona que las ha pronunciado es un completo ignorante o un burdo intoxicador. En otras ocasiones, simplemente, esa confusión no deja lugar alguno a la especulación. Las palabras de Teddy Bautista que leí ayer en el diario El Mundo tienen un tono de tan burda intoxicación y de tan suprema ignorancia, que pronunciadas por alguien que pretende de alguna manera erigirse en representante de la cultura y de los que se arrogan el derecho de crearla de manera pretendidamente exclusiva nos hacen pensar de manera inmediata en cuál será el nivel de esa persona y de quienes habitualmente le rodean.




Salir en un periódico de tirada nacional afirmando que “el copyleft es para los autores que son ricos de cuna” revela simplemente un inveterado interés por confundir conceptos, por intoxicar, por barrer descaradamente hacia el negocio propio, como cuando una empresa difama a un competidor siguiendo esa máxima que dice “calumnia, que algo queda”.

Me da verdadera pereza intelectual aclarar punto por punto los obvios conceptos con los que este sujeto pretende intoxicar a una opinión pública que debería directamente sentirse insultada en su inteligencia por declaraciones de este tipo, pero vamos allá: en primer lugar, decir que el copyleft “no tiene peso” es ignorar completamente lo que está ocurriendo en todas partes: crecimientos exponenciales en el volumen de contenidos presentes en todo tipo de variedades de la creación bajo este tipo de licencias, y un número mayor de usuarios de todo tipo que deciden disfrutar de ellos, como ese hotel de Burgos que tanto duele al protagonista de las declaraciones en cuestión y que lejos de ser un caso aislado, representa todo un movimiento al que se irán acogiendo cada vez más de esos negocios a los que la SGAE envía sus inspectores. En efecto, el copyleft no tiene peso dentro de la SGAE, porque dado que no tienen ni idea de qué es ni de cómo manejarlo - y las declaraciones de este individuo son buena prueba de ello - nadie va a ir a ellos con una licencia de este tipo, arriesgándose además a ser supuestamente insultado (ese calificativo de “ricos de cuna” pronunciado como intento descalificatorio y en contraposición a “los que trabajan de verdad para pagar el pan de sus hijos” es de verdad de lo más patético que he escuchado en años).
En segundo lugar, el copyleft no tiene nada que ver con “no generar derechos de autoría”, ni con “no someterse a procedimientos mercantiles”, ni con “perder el control”, ni con que “otras personas puedan usarla y volverla a reponer como si fuera propia”.

Semejante conjunto de estupideces una detrás de otra no pueden tener más objetivo que intentar de manera burda desacreditar el copyleft. El copyleft no es más que una manera de dotar de gamas de grises a una fórmula, el copyright, que únicamente permite catalogar como blanco o negro; libre de derechos, o con todos los derechos reservados. En su lugar, el copyleft permite calificar una obra como libre para determinados usos, sujeta a derechos para otros usos, y definir perfecta y claramente qué tipo de usos permite el autor de su obra. En mi caso, por ejemplo, permito cualquier uso de mis creaciones en esta página siempre y cuando se cite que son mías, pero podría por ejemplo restringir su uso comercial, o bien obligar a todo el que la utilice a compartirla de la misma manera y con la misma licencia que yo lo hice, o incluso aportar matices de verdadera riqueza: podría etiquetar un contenido de manera que su uso comercial estuviese restringido (obligando por tanto al usuario a negociar conmigo o mis representantes los términos de uso) salvo cuando éste lo haga en un país en vías de desarrollo, en cuyo caso podría hacerlo libremente. Las licencias copyleft alcanzan todo tipo de matices imaginables, y brindan el mismo nivel de protección que otorgaría el irse a hablar con la SGAE: si alguien utiliza mis contenidos en una manera que infrinja mi licencia, puedo llevarlo delante de un juez con la misma autoridad que lo haría en caso de infringir mi copyright. Las licencias copyleft no impiden que un autor viva de su obra, ni mucho menos: lo que hacen es, precisamente, es otorgarle un mayor nivel de control y una riqueza de matices mucho más amplia. Y además, no se oponen al copyright, simplemente lo complementan. Matices que, por supuesto, podría explicar mucho mejor que yo cualquier especialista en la materia - yo sólo soy un profano - pero que sin duda, no interesan a quien sólo busca calumniar e intoxicar.

Que no, Teddy, que andar por el mundo diciendo tonterías no es gratis. Revela que eres o un ignorante, o un intoxicador: entre el clavel blanco y la rosa roja, su Majestad es coja - sin ánimo por supuesto de calificar de rey a quien sólo lo es en acumulación de descrédito y desprecio popular. O eso, o que estás preocupado porque tu negocio, ese que convierte a tu sociedad en propietaria de cines y teatros bien ubicados en toda España para poder programar en ellos a “sus” artistas, se ha encontrado con un modelo que podría llegar a ponerla en peligro, un modelo que cualquiera con dos dedos de frente y algo de sentido común puede entender perfectamente, o al menos entenderlo mucho mejor que el hecho de que el Estado otorgue prebendas y privilegios inimaginables a una sociedad de gestión privada. Ante esa evidencia, Teddy, sólo te queda intoxicar y calumniar, con la vana esperanza de que algo quede. Y por supuesto, algo queda: cuando retiras todo el falso oropel de la sociedad que presides, cuando quitas esas declaraciones falsas y grandilocuentes, Teddy, sólo quedas tú. Ahí te quedas.

Reproducido del el Blog de Enrique Dans

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