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LA POLÍTICA DE LA SGAE BUSCA ANTE TODO BLINDARLA DE CUALQUIER POSIBLE MOVIMIENTO QUE HAGA AQUELLO PARA LO QUE SE FUNDÓ LA PROPIA SGAE

SGAE: Blindando el presente, negando el pasado, cercenando el futuro


La SGAE implantará por su cuenta, con las operadoras, el sistema de tres avisos + corte en el servicio de Internet que intenta imponer Sarkozy en Francia. La lógica es implacable: Privatizado el sistema impositivo mediante el canon digital, ¿por qué no privatizar la interpretación de la ley e incluso su redacción, delegándola también en la SGAE




Un reaccionario es alguien que, negándose a admitir los cambios en el entorno, es capaz de imponer los cambios legales más violentos con tal de que el orden social o el modelo de negocio que le privilegia siga igual. No hay revolucionario más peligroso que estos que cargan con todas sus fuerzas contra el curso social y tecnológico.


Lo peor es que, amparados e incluso alentados por una clase política que ha roto la base constitucional tácita europea, los nuevos privilegios acumulados por este grupo hacen cada vez más difícil su reciclaje dentro del nuevo sistema productivo. Porque no lo neguemos, lo que queda adelante es la Devolución y la forma natural de llegar hubiera sido… una nueva SGAE.
¿Me volví loco? No. La SGAE no fue siempre lo que es hoy, sus orígenes, de hecho son bien distintos. En 1899 el escritor Sinesio Delgado y el compositor Ruperto Chapí, junto con toda una serie de jóvenes autores, crean la Sociedad de Autores. Su objetivo: que la sociedad comprara el gran catálogo de letras y partituras del poderoso editor Florencio Fiscowich. En aquella época:

El autor no podía imprimir y vender la obra por si mismo puesto que las salas negociaban sobre repertorios, no sobre obras completas, así que realmente sus ingresos se reducían al precio de venta que conseguía obtener del editor, los adelantos sobre obras futuras que este le diera (y que en la práctica les condenaban un estado de deuda permanente) y el “pequeño derecho”. Este consistía en un porcentaje de los ingresos por entradas que el empresario artístico pagaba a la “Asociación Lírico Dramática” de los propios autores.

En la práctica el modelo tendía a la concentración pues los editores negociaban contratos de exclusividad con las salas por un lado mientras por otro ataban mediante adelantos a los autores. Obtenida cierta masa crítica la perspectiva del monopolio se hacía viable, como relata el historiador Mariano Caballero:

Una vez conseguido un notable archivo musical, el más importante editor, Florencio Fiscowich impuso prácticamente en solitario, sus condiciones a salones, cafés-teatro, liceos, bailes, salones de concierto o casinos para la reproducción de sus obras. Realizando tales contratos y manteniendo en sus manos tal archivo, los teatros, autores y libretistas se plegaron a la voluntad de Don Florencio que no dudó en utilizar su fortaleza para conseguirlo, bien en asociación con otros editores o en solitario, teniendo en sus manos a los empresarios teatrales.


La resistencia hoy frente a la SGAE pasaría por una OPA recurrente frente a su catálogo. Una OPA permanente que comprara automáticamente a los cinco años de su registro todas aquellas creaciones que realmente tiene en custodia. Pero la ley permite que la SGAE cobre preventivamente por autores que no son socios (tanto españoles como sobre todo de otros países) o pertenecen a sociedades internacionales con las que SGAE no tiene acuerdos. Además con cosas como el canon, lo que hace la ley es generar una sobrevaloración arbitraria del catálogo, y para rematar la extensión tanto del concepto como del tiempo de explotación del llamado Derecho de Autor, genera artificialmente una aún mayor inflación de precios sobre sus intangibles. Por eso asociar el P2P a las descargas ilegales o la piratería es parte central de su estrategia. Impidiendo que la gente comparta lo que ha comprado aumenta el valor del stock, no porque vaya a vender más (que es cuando menos dudoso), sino porque refuerza su posición centralizadora en la distribución de contenidos.
Es decir, lo que se ha conseguido ha sido blindar el modelo evitando que aparezca un nuevo Sinesio Delgado que lidere un proceso de compra que a su vez abra una transformación y reforma del modelo caduco en el que la SGAE actual se basa.

A día de hoy, las únicas puertas que permanecen abiertas en la cabeza de nuestra clase política son las reaccionarias: destrozar las pocas raíces de la sociedad de la información y mermar la penetración y uso social de Internet aún más para mantener a toda costa el modelo de negocio de unos pocos centenares de autores privilegiados (los poquitos a los que la SGAE entrega en derechos una cantidad al menos equivalente al salario mínimo interprofesional).

Porque el otro camino, la reforma legal resulta utópica en una Europa cada vez más disciplinaria que rompe el contrato social y de libertades que la definía. Asumámoslo, el juego, el contrato político que nos unía, está siendo roto unilateralmente desde el lado del estado. No viene de ahora pero está llegando a ser demasiado costoso en términos sociales y de libertades básicas.

Artículo de David de Ugarte


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