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OPINIÓN DE EXPANSIÓN

Incertidumbre para las redes del futuro


La Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones ha aprobado la regulación de las redes de banda ancha fija, que constituyen el sistema nervioso de las sociedades modernas y de las que dependerá la competitividad de los países. El aumento exponencial del tráfico está tensionando la capacidad de las actuales, de forma que, antes o después, será imprescindible la sustitución de los tendidos de cobre por otros de fibra óptica. El proceso para aprobar la nueva norma ha destapado la fractura que existe entre los intereses de Telefónica y los demás operadores.




Telefónica aparece como el único operador que estaba dispuesto a hacer un despliegue geográficamente amplio de redes de fibra óptica, despliegue que podría ser replicado a pequeña escala por algunos operadores de cable, aunque no por el principal, Ono, dada su actual situación económica más que delicada.

El resto de los rivales de ADSL –como Orange, Vodafone y Jazztel- argumentan que sus pequeñas cuotas de mercado no hacen rentable la construcción de redes propias, e invocan la protección de la competencia para exigir al regulador que obligue a Telefónica a cederles a precios regulados sus nuevos tendidos.

Al final se obliga a Telefónica a proporcionar a sus rivales accesos en toda España de hasta 30 megas de velocidad. La decisión está más cerca de los intereses de los alternativos que de los del operador histórico.

Esta circunstancia podría llevar a Telefónica a ralentizar el despliegue de nuevas redes –como ya ha advertido– máxime teniendo en cuenta que la crisis obligará a todos a reducir inversiones y que en el negocio fijo –a diferencia del móvil donde si existen tres redes completas– el operador dominante no va a encontrar el acicate de tener que competir con otras infraestructuras fijas de semejante potencia, ya que nadie las va a instalar.

Opinión de Expansión

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