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OPINIÓN

A Teddy, Hacienda y vida se ha de dar


En el principio Él fue Judas Superstar. La voz se le fue y arribó a la SGAE. Empezó allí a gastar maneras de conde transilvano: perseguir a los pequeños hosteleros, adquirir suntuosos palacetes para la Causa, acaparar diezmos, adjudicarse pensiones de ricohombre con la pastizara arrancada a los del común.




Chalaneó quid pro quo la ayuda del brazo secular de la ley –también con la anuencia de gobiernos del PP- a la busca de multiplicar los multimillonarios ingresos vía cuotas y armó una fantástica división de abogados que permitía intimidar y emplumar a los del común. Cooptó en su junta directiva a otros tantos heroicos defensores del pueblo como él mismo. La Sociedad General, por Teddy comandada, generó una burocracia propia esplendorosa, sostenida sobre el esfuerzo ajeno, que permite también suculentas prebendas para los amigos de la Causa a través de numerosos “saraos culturales” que la Sociedad emprende.

Se procuró la antijurídica regalía del canon digital. Un Canon que hemos de pagarles forzosamente en prevención del delincuente potencial que cada usuario encierra para el gobierno socialista, que fue quien se lo aprobó. Una muestra más del proclamado “optimismo antropológico” zapateril; otra mentira y gorda más. Establecer el Canon, he ahí el oscuro objeto de deseo de todo progre “transgresor” que se precie. Se sintió entonces déspota: “el Canon se paga y punto”. Así sentenció ante las poco organizadas quejas populares. Quién, si no es porque se siente muy fuerte, se manifiesta con talante tal, quién va a ser capaz, si no, de reclamar “sus” crueles gabelas incluso a un concierto benéfico montado para ayudar a un niño en trance de muerte, como se vió hace bien poco. ¡El inspector de la Sgae requirió el dinero a la misma madre del niño enfermo en la clínica!

Y este verano la plena y obscena demostración de su poderío: la SGAE exige un pastón hasta a los mismos pueblos que monten… ¡ Fuenteovejuna y El alcalde de Zalamea! Se trata, claro, de poner de rodillas a esos ayuntamientos, y de que sirva también la punición de ejemplar escarmiento en plaza pública para todo el que no quiera pasar bajo la horca teddyosa y odiosa. ¿Se ha reparado en la nítida carga simbólica que estos hechos encierran? Acaso si Lope de Vega y Calderón de la Barca vivieran hoy, escribirían de nuevo esas obras, notorias denuncias de claros abusos de poder y de rebeldía popular ante los mismos. No se cuestiona aquí el derecho del autor, sí la desmedida cuantía de la misma, que es abusiva y ruinosa para muchos, mientras la Organización adquiere palacetes de cuento y reparte bicocas de ensueño entre sus miembros. Soñémoslo por un instante - soñémoslo tan sólo, que el PP duerme tan contento, el mundo sueño es-: el teddyano inspector de la SGAE llega al pueblo en fiestas, soberbio como suele, presto a cobrar los “derechos”. Estalla entonces la protesta. ¿Quién descabalgó al Recaudador? Fuenteovejuna. Que a Teddy la hacienda y la vida se ha de dar…

Opinión de José Antonio del Pozo, Licenciado en Periodismo y Ciencias Políticas, en la COPE

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