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BODAS DE SANGRE

«Todos contra la SGAE»


Colas a la entrada del edificio y un auditorio repleto que coreó ante las cámaras de televisión «todos contra la SGAE» jalonaron ayer la representación teatral aficionada más conocida de toda España: la representación de «Bodas de sangre» en el Fórum Metropolitano de La Coruña por parte de los alumnos del instituto Ramón Menéndez Pidal de la ciudad herculina, a los que la SGAE trató de cobrar algo más de 90 euros en concepto de derechos de autor por la sesión.




PILAR FUSTES - LA CORUÑA - ABC .- Las 250 plazas del recinto se quedaron vacías y no todo el mundo pudo entrar. Al frente, una cámara de TVE apostada ante el escenario grabó al respetable, en su mayor parte alumnos del centro y jóvenes, mientras coreaban consignas contra la sociedad de autores. El director del centro, José Toba, explicó poco antes del inicio a ABC que «con todo el jaleo», los chicos habían tenido un parón con los ensayos, pero todo había ido como un reloj en el entrenamiento general del día anterior. «Impresiona la puesta en escena. Ellos mismos hicieron los trajes y eso es lo que más deslumbra», explicaba a este diario.

El responsable del centro quiso subrayar que «hay que tener en cuenta la cantidad de chicos jóvenes que están aquí, un viernes a las ocho de la tarde, haciendo cola para ver una obra de teatro». «La SGAE y todos se tienen que dar cuenta de que esto es algo educativo», remarcaba.

La representación triunfal de «Bodas de Sangre» es una batalla ganada. El instituto Menéndez Pidal será recordado por muchos por su ardua lucha en contra de un gigante, la SGAE. Nadie llega a entender como un grupo teatral de ámbito educativo pudo llenar páginas de periódicos porque la sociedad de autores pretendía obligarles a pagar 95 euros cada vez que subieran a un escenario. Finalmente, la familia del creador de la obra, Federico García Lorca, evitó que la sangre de las nupcias llegase al río. Lo que no entendió la SGAE, quien calificaba a los jóvenes estudiantes de entre 14 y 17 años como «compañía de teatro aficionado», lo comprendieron los descendientes del poeta.

Todo empezó cuando, tras meses de ensayos, el responsable de la actividad de teatro recibió una llamada de la SGAE en la que se le comunicaba que quedaba «tajantemente prohibida» la escenificación de la obra de Lorca en el recinto municipal coruñés por carecer de los permisos pertinentes. Sin más pistas, los miembros de la institución educativa descubrieron que los derechos de la obra pertenecían al Centro Dramático Nacional, que, una vez contactado, no dudo en cedérselos al instituto. Pero la espada se mantenía en firme. A quince días del estreno, la SGAE insiste en que son los sucesores del poeta los que establecen las cuotas, por lo que, si los chicos quieren actuar, tendrá que ser previo pago. Ante tal hecho, ABC entrevista al sobrino de Lorca, Manuel Fernández Montesinos, quien expresa su voluntad firme de ceder los derechos.

Un supuesto presupuesto de representación de la obra de 3.000 euros fue el último escollo a salvar. Haciendo gala del arte del diálogo, el propio Montesinos telefoneó al director del centro, José Toba. Todo quedó aclarado. La SGAE calló, y se izó el telón.


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