Savater y la Ley Sinde. Respuesta a Savater (II)

El Maléfico, Gollum y Saruman:


Por suerte, a día de hoy la respuesta en la Red al artículo de Savater parece ser unánime. Casi todas las opiniones vertidas concluyen lo mismo: el punto de vista de Savater sobre la Ley Biden-Sinde y sus interpretaciones sobre Internet no tienen justificación sólida. Uno de los pocos que queda por convencer es el propio Savater. ¿Seguro? ¿De qué Savater estamos hablando? ¿De Savater I, el ácrata, de Savater II, el demócrata, o de Savater III, el reaccionario? Intuyo que para Savater III no hay enemigo peor que sus predecesores. Enfrentémoslos pues, veamos qué decía Savater II respecto a Internet:




(…) (por lo general movidos por intereses más personalmente alimenticios que genéricamente culturales) están los predicadores que consideran inevitable nuestra deshumanización por culpa de los ordenadores, los vídeos, Internet y otros inventos del Maléfico. Para empezar, dado lo canalla que suele ser cuanto se disculpa diciendo que es un comportamiento “muy humano” tentado está uno de pensar que deshumanizarnos un poco podría sernos favorable en lo que a decencia toca. Pero lo cierto es que ninguno de tales instrumentos tiene por qué perturbar en modo alguno nuestra humanidad, ni siquiera nuestro humanismo. Son herramientas, no demonios; surgen del afán de mejorar nuestro conocimiento de lo remoto y de lo múltiple, no del propósito de vigilar, torturar, o exterminar al prójimo: si finalmente se los emplea para tales fechorías, es culpa de cualquiera menos de las máquinas. (Fernando Savater, El valor de educar. 1997; pp.128-129)

Quizás, después de escuchar esta opinión tan convincente, deberíamos zanjar el tema y preguntarnos solamente por qué ha cambiado tanto Savater. Recordemos que ahora defiende que la Red no debe ser neutral −como correspondería a cualquier herramienta− sino que, dado que por ella circulan a su libre antojo pedófilos y terroristas, debemos aceptar la Ley Biden-Sinde como mal menor. El precio de la ley Biden-Sinde viene en el lote que todo demócrata debe pagar para no verse sometido a la anarquía, caldo de cultivo del totalitarismo. Esto es, en resumidas cuentas, lo que pretende explicarnos Savater III, nada que ver con los otros Savateres.

Todo el mundo tiene derecho a cambiar de opinión. ¿Pero por qué de forma tan drástica? Hablemos con él, a ver si nos lo aclara. ¿No será la ambición lo que le ha perdido, como él comenta que le sucedió a Gollum? Preguntémosle, escuchemos qué nos dice. Es suya la palabra Don Fernando:
En la Tierra Media hay cosas muy distintas a las que conocemos en nuestro mundo (…) En nuestro planeta, por ejemplo, no hay un anillo que haga invisible y conceda poder a quien lo lleva, aunque hay en cambio una cosa llamada "ambición" que se le parece bastante. Quien se pone el anillo mágico de la Tierra Media se siente más fuerte que otros y escapa a sus miradas, pero si se descuida acaba poco a poco dominado por la joya y convertido en enemigo despiadado de todos los demás seres: quiere ser muy poderoso y termina convertido en esclavo maligno. También la ambición nos emborracha con una especial sensación de superioridad y borra a los otros de nuestra vista, de tal modo que dejamos de ver a nuestros semejantes y creemos que ellos tampoco pueden vernos como lo que somos. Pero si seguimos ese camino acabamos no siendo dueños de nada, ni siquiera de nosotros mismos, porque estamos miserablemente poseídos por el ciego afán de poseer. De modo que cuando leemos “El hobbit” o “El Señor de los anillos” entendemos muy bien lo que le ocurrió a Gollum, porque sabemos que la ambición del anillo y el anillo de la ambición nos arrastran finalmente a la misma angustia y a la misma soledad. (Fernando Savater. Malos y malditos. 1997; p.43)

Puestos a relacionar la mutación de Savater con El Señor de los Anillos, me parece que su conversión es más parecida a la de Saruman que a la de Gollum. Saruman era el líder de una estirpe de magos en extinción. A causa de su ambición desmesurada por el poder y la gloria, se acercó a la sombra y se hizo siervo del mal. Aún en sus últimas horas, Saruman mantuvo su capacidad retórica, pero sin la magia que solía acompañarla. Terminó por transformarse en un charlatán con cierto encanto maléfico.
Ahora bien, prefiero la muerte de Gollum a la de Saruman. Recordemos que Gandalf perdonó la vida a Gollum, así como más tarde lo hizo Frodo. Gandalf afirmaba que incluso la bestia en la que se había transformado Gollum tenía un cometido en el mundo. El hecho de que sea Gollum el que finalmente destruyó el anillo del poder así lo certifica. Sin embargo, Saruman fue asesinado por su esbirro Grima, Lengua de Serpiente. Como ya dije en otra entrada, espero que Savater, en un último arrebato de cordura, entienda su error y se levante vehementemente contra el monstruo que está defendiendo.

Anarquía en el horizonte, John Ford y los vaqueros ácratas

Volvamos a su artículo. Repasemos hoy otro fragmento. Hagámoslo como análisis de un suicidio intelectual que puede resultar paradigmático. Así como Savater le robó veinte años a Leibniz (ver video en youtube, segundo 40, por cierto, el proyecto de Leibniz, ¿no sería Wikipedia?) con sus últimas declaraciones también se los está robando a él mismo. He aquí la perla a analizar hoy:

Cada nuevo horizonte para la actividad humana reaviva el libertario sueño ancestral. Volvemos al origen, al paraíso intacto: ¡desoiremos a la serpiente y no comeremos de la manzana! Rechacemos por aguafiestas a los que quieren organizar lo inédito con instrucciones y prohibiciones. Que todo comience. Como pasó en el Oeste americano, esa tierra de promisión y por tanto sin ley cuya épica romántica tanto hemos disfrutado en el cine. Claro que hubo víctimas: aparte de los apaches y los sioux, padecieron la alegalidad los granjeros, los comerciantes, los hijos de quienes preferían los arados a las pistolas. Y se beneficiaron de ella terratenientes y ganaderos sin escrúpulos, los más rápidos en desenfundar, los propietarios de garitos y los asaltantes de diligencias. No prosperaron los creadores de lo nuevo hasta que viejas leyes y viejas instituciones reinventadas les libraron de los bandoleros (Fernando Savater. Los colegas de Mad Max. El País. 28 de enero de 2010).

Si bien es cierto que con cada nuevo mundo que se vislumbra, renace la posibilidad de partir de cero, eso nada tiene que ver con el tipo de anarquía a la que se refiere Savater. El paraíso de la ignorancia, ese que se niega a tomar del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal y que añora la felicidad de la inconsciencia es bien distinto de los horizontes que plantea Internet. Si acaso, lo que hay en la Red es un empacho de manzana, lo que la transforma en una infinita compota en la que se mezclan la información veraz con lo banal y lo absurdo. En cualquier caso, esto es algo que, sobre todo últimamente, pasa también con cualquier medio informativo tradicional. Para muestras, El País.

Savater considera la democracia como un mal menor. Opina que no legislar Internet a medida de sus intereses supondría someterse al caos y la violencia indiscriminada. La utopía, según su filosofía (ver Política para Amador), es un engaño que algunos esgrimen para hacerse con el poder, además de ser una tontería. Olvida, sin embargo, que durante el desarrollo de todas las utopías fracasadas del siglo pasado, siempre hubo una corriente crítica que recordaba que el camino a seguir no era el de la acumulación de poder y el centralismo. En lo que respecta a la utopía comunista, tanto Lenin, a través de Emma Goldman, Alexander Berkman, Kropotkin y Néstor Makhno, entre otros, como Marx a través de su polémica con Proudhon, fueron advertidos de su traición al pueblo por preconizar y acumular poder en beneficio de la élite burocrática.

La utopía, ese lugar inexistente que toma lo mejor de todos los lugares, era algo hasta ahora solamente imaginable. Ahora resulta que esa capacidad que Heidegger consideró esencial en los hombre y los pueblos, su eterno intento por acercarse las cosas y organizarlas a su alrededor, se ha manifestado una vez más. Hoy escribo sobre España desde San Francisco, y me siento más cerca de la lucha por la libertad de Internet que cuando vivía en Madrid. Utopía ha dejado de ser sinónimo de absurdo, tontería o, en el mejor de los casos, ejercicio literario. Por eso, cuando Savater arremete contra este nuevo horizonte, tiene que entender que nunca en la historia de la humanidad nos habíamos acercado a un espacio semejante. Su crítica de las utopías ha dejado de tener sentido. Veamos por qué. Escribe Savater:

[La utopía] Como proyecto es una tontería: supongo que quienes se lo recomiendan a los jóvenes como típico anhelo de su edad es porque les (sic) consideran bobos. Cuando a Leszek Kolazowski, un filósofo polaco actual, le preguntan que dónde le gustaría vivir, suele responder con buen humor: «En lo más hondo de una selva virgen de alta montaña a orillas de un lago situado en la esquina de Madison Avenue de Manhattan con los Campos Elíseos de París en una pequeña y tranquila ciudad de provincias.» ¿Ves? Eso es una utopía: un lugar que no existe, pero no porque no hayamos sido lo suficientemente generosos y audaces para inventarlo sino porque es un rompecabezas formado con piezas incompatibles (Fernando Savater. Política para Amador, p.77).

Soy verdaderamente afortunado. Justo ahí, donde hubiera querido vivir Leszek Kolazowski he alquilado un pequeño apartamento con tarifa plana, en el que vivo parte del día. Pero no sólo cuando estoy conectado, sino que cuando desconecto y abro un libro o escribo, también tengo la sensación de vivir más allá del espacio físico que me envuelve.

En otra entrada, decía que Internet es capaz de recordarnos por qué la escritura fue un invento absolutamente revolucionario. A la vez que el hombre se separaba de la naturaleza domesticando animales, labrando la tierra y creando ciudades, se creó una herramienta revolucionaria, la escritura. Con ella fue capaz de abstraerse del mundo y volver a él con un conocimiento renovado. Eso mismo hace Internet, con el añadido de que no sólo ha roto la barrera del espacio físico, sino también la del tiempo. Lo que yo escribo, fotografío, modelo, rotulo, compongo o dibujo lo puede recibir alguien en la otra punta del globo casi al tiempo que yo lo elaboro. Internet es Utopía. Internet es real y Utopía también.

Sólo la mano emponzoñada de los conservadores, los que prefieren estancarse en el enfangado pasado, tratarán de hacer que la Red sea algo inocuo, o, mejor dicho inane, muerto, y que cada uno de nosotros vuelva a vivir entre las cuatro paredes que, con suerte, nos han sido asignadas. ¿Por qué? Porque así podrán mantener su status quo. Savater sabe que el mundo tal y como él lo posee está en vías de extinción y quiere guardar su “tessssoro”. Por eso arremete contra sus posibles sucesores en el artículo de El País, asegurando con una cita que suele repetir (aparece también en Política para Amador) que los hay que piensan que la revolución los hará más capaces de producir obras de interés. No sé si será cierto, pero lo que sí está claro es que se debe dejar que los que pretenden llevar a cabo alguna obra productiva o artística tengan los medios posibles para hacerlo. Que sean o no capaces de hacerlo sólo se podrá saber una vez lo hayan intentado.

En una sociedad donde una altísima parte de la juventud depende del estado o de sus familiares, ¿cómo podrán crear libremente? Internet es una salida para que los que no tienen otros recursos puedan cultivarse y tratar de aportar algo a la sociedad. Ahora bien, esa posibilidad le da mucho miedo al que teme lo que puedan desvelar. Y razón no les falta para estar preocupados, porque entre los cientos de miles de personas cuyas voces no se han podido escuchar, hay, sin ningún tipo de dudas, algunas que harán reventar los cimientos de la cultura establecida. Tiempo al tiempo.

Cuando decía que tengo un apartamento en Utopía, hablaba metafóricamente. Esto no quiere decir que esté mintiendo, ni tratando algo irreal, sino que hago uso de un término en principio ajeno a lo que describo. Internet: un apartamento en Utopía. Hay metáforas que ilustran y otras que engañan. En su artículo Savater usa una de la segunda clase, para hacernos creer que él ya sabe qué pasará si no se aprueba la Ley Biden-Sinde. Recordemos que ahora hablamos de Savater III, porque los laicos Savater I y II son enemigos feroces de las profecías. Lo que ocurrirá será, según su metáfora cinematográfica, que Internet será un oeste americano como el de los westerns. ¡Cuánto daño ha hecho Hollywood!. La idea no es nueva. También Sinde hizo uso de la metáfora cinematográfica y falaz para describir lo que pasa en Internet. El recurso literario de Savater me recuerda una anécdota personal:

Cuando vivía en Reno, Nevada, fui a visitar la ciudad turística de Virginia City con mi familia. Antiguamente era una metrópoli próspera, cuya economía se sustentaba en las minas de plata de la zona. Una vez las minas quedaron exhaustas, desapareció la riqueza. La ciudad sobrevivió a duras penas a través de vender a los turistas la imagen del oeste americano que a Savater tanto le gusta. Nos hicimos una foto en color sepia, disfrazados de pioneros del oeste, con nuestros sombreros, pistolas y rifles para los hombres y plumas, corsés y boas para las mujeres. De vuelta a España, al enseñarle la foto al abuelo, de noventa y dos años, no se mostró en absoluto conmovido. Estaba tan imbuido por las películas de John Ford que aquel atuendo le pareció de lo más normal. Ante las risas de los demás, respondió que no entendía qué era tan gracioso si vestíamos como todo el mundo lo hace en el oeste.

La interpretación de Savater tiene el mismo origen, las películas, y peca de lo mismo, ignorancia. Lo que ocurre es que su error no tiene gracia y el del abuelo sí. En realidad, los que exterminaron a los indios fueron los militares a cargo del gobierno democrático y en nombre de la civilización. No fue una banda de vaqueros anarquistas. Y, para más información sobre cómo se organizaron sin gobierno los pioneros del oeste, mejor que consultar a John Ford es este vínculo. Una vez más, la metáfora cinematográfica es la que se muestra apartada completamente de la realidad, mientras que Internet nos acerca fuentes fidedignas, si sabemos buscar.

Reproducido de El Blog de Ioanes Ibarra

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