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Perder el tren de internet


La UE analiza el uso de internet en los países miembros, y España está a la cola, acompañada de sus tradicionales vecinos en las peores clasificaciones: Grecia y Portugal. Por diversos motivos --de los culturales a los meteorológicos, pasando por el déficit de conocimiento del inglés y la falta de cultura tecnológica o, simplemente, el PIB--, somos un país de móviles, chats y napsters, pero no, por ejemplo, de comercio on line. Y las administraciones no ponen los medios para crear confianza y facilidad respecto del uso de internet.





El precio todavía excesivo de las llamadas telefónicas, incluyendo las de las líneas ADSL, así como la baja calidad de las conexiones, desanima mucho. El coste de los buenos ordenadores, también. Por otra parte, tampoco surgen aquí suficientes servicios que consigan ser considerados atractivos, necesarios y fáciles de obtener.

El triunfalismo del Gobierno no logra ocultar lo poco que ha hecho para que las tarifas bajen todo lo imprescindible, y para acercar de verdad esta nueva tecnología a los hogares de la gente trabajadora. Por eso nos quedamos atrás. Y eso, desde el punto de vista estratégico, es un drama cara al futuro de nuestra competitividad y eficiencia

Reproducido de editorial de hoy en el Periódico


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