El DNI electrónico, ¿servirá alguna vez para algo?


Cinco años después del inicio de su implantación, pocos ciudadanos lo utilizan. La administración en línea sigue siendo asignatura pendiente.




GUILLERMO D. OLMO / MADRID / ABC.- Han pasado cinco años desde que el Ministerio del Interior puso en marcha la ambiciosa implantación del DNI electrónico, pero en este tiempo su arraigo popular sigue siendo escaso. Un documento que nació con la vocación de acreditar la identidad de los ciudadanos en un universo virtual cada vez más grande y con más aplicaciones tiene todavía un uso residual. Concebido como la piedra basilar de la administración digital, el DNIe choca con la falta de voluntad de los poderes públicos. Los servicios telemáticos que todavía hoy ofrece la Administración son muy escasos.

Los que trabajan con él, como el jefe de la Unidad de Documentación y Archivo de Españoles de la Policía Nacional, el comisario Antonio Rodríguez Martín admite que «nadie va a negar que queda mucho trabajo por hacer». El documento existe y, aunque hay quejas, funciona. Lo que no abunda son aplicaciones ni formularios para que el ciudadano pueda utilizarlo como aquello para lo que nació, una herramienta para realizar trámites con seguridad a distancia.

Víctor Domingo, de la Asociación de Internautas lo atribuye a la escasez de los servicios que la Administración ofrece en línea: «Casi no hay trámites que puedan realizarse por Internet. Salvo la Agencia Tributaria, que en esta sentido ofrece uno de los mejores servicios del mundo. En este momento, las ventanillas de la Administración en España se limitan a inmensos servidores de teletexto; hay mucha información, pero ninguna posibilidad de interactuar».

«Lo usa poca gente»


Según los datos de un reciente estudio de la Fundación Orange solo un 4% de los ciudadanos utiliza el DNI electrónico. El comisario Rodríguez Martín reconoce que «lo usa muy poca gente». La policía ha emitido desde su implantación más de 24 millones de estos documentos. Si se mantiene el actual volumen de expediciones, que oscila en torno a las 600.000 mensuales, a mediados de 2014 todos los españoles tendrán su DNIe. Pero, como señala el comisario Rodríguez Martín, «lo importante es que las administraciones trabajen para conseguir que los servicios en línea dejen de ser una quimera: «Existe una Dirección General para el Impulso de la Administración Electrónica que está trabajando mucho en este sentido», apunta El comisario señala también que una parte de la explicación al reducido uso que todavía tiene el DNIe es que a muchos ciudadanos «les coge ya mayores: entre los jóvenes hay un uso más extendido. Por ejemplo, en la tramitación de becas».

Sin embargo, avezados internautas como Víctor Domingo, indican que, además de que son pocas las gestiones que se pueden hacer, el uso del documento electrónico no es precisamente fácil. «Para empezar hay que tener el lector de tarjetas en el que introducirlo, después descargarse unos programas y después introducir unas claves. Lo peor es que después te la pide una y otra vez». Otra queja frecuente es la de que los certificados del DNIe caducan a los treinta meses y hay que renovarlos. Muchos se preguntan por qué no tienen la misma vigencia que la del DNI. La respuesta, aunque parezca sorprendente, estriba en una cuestión de seguridad nacional. Está implicado hasta el servicio secreto. Lo explica, de nuevo, el comisario: «El Centro Criptológico Nacional, que es un organismo dependiente del CNI, es el que garantiza la seguridad de los certificados y no puede hacerlo más allá de 30 meses, porque es el tiempo que se estima que pueden tardar en dejar de ser efectivas ante un eventual ataquen informático. Los piratas no descansan y la seguridad tampoco puede hacerlo. Aunque resulte engorroso el objetivo es evitar que nadie pueda usurpar nuestra identidad.

El reto para el futuro de esta forma de identificación pasa por que entes públicos y empresas empiecen a funcionar con él y a establecer mecanismos para que los ciudadanos se acostumbren a utilizarlo. Para comprender el porqué de la tardanza, un dato que aportan desde la Asociación de Internautas: «Hablamos del país con la banda ancha más cara de Europa».



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