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OPINIÓN DE JAVIER CUCHÍ

Estado de postración


Decía en mi articulo de inicio de temporada que veía a la $GAE groggy, como desbordada por los acontecimientos. La verdad es que lo que ha sucedido es muy gordo, supone una quiebra por la propia raíz, tiene a su cúpula de mando imputada por delitos societarios y financieros graves y -como es lógico- aún no han podido reaccionar ante tamaño golpe.




Desde el 1 de julio no da pie con bola porque, además, les están creciendo los enanos. A finales de mayo, Santiago Fajardo, arquitecto de uno de los catafalcos estos de Arteria -creo que el de Sevilla- demandaba a Teddy Bautista por una serie de problemas relacionados con impagos y con una presunta administración digamos que defectuosa del presupuesto de la obra faraónica en cuestión, y esta semana volvía a salir el tema junto al de la liquidación del entero proyecto (del proyecto Arteria, no sólo de la obra de Sevilla) que está, si no he leído mal, en venta. En días pasados nos enterábamos por ABC de las maniobras orquestales -llamémoslas así, también- del amigo Neri y de Caco Senante para ponerle la zancadilla ilegítima e ilegalmente a la candidatura adversaria, la de Fernández Sastrón. Y hoy mismo seguía el goteo incesante de cosas raras (vamos a llamarlo cosas raras para no mojarnos) procedente de las diligencias que va practicando el juez Ruz. Lo cual implica que la poquísima, ínfima, legitimidad que le quedaba a la actual junta, vencedora en las elecciones del 30 de junio (o sea, celebradas pocas horas antes del Big Bang del tinglado). En otras y pocas palabras: la estructura de dirección y, posiblemente, de poder de la $GAE se ha derrumbado, su núcleo sustituto se ha caído también y lo único que se está gestionando en estos momentos es el día a día.

La cosa es grave por muchísimas razones. La $GAE era -bueno, técnicamente lo es todavía- una entidad poderosísima e importantísima, posiblemente ubicada entre el quinto y el séptimo lugar de un tinglado que ya de por sí es importantísimo y poderosísimo a nivel mundial y ahora se enfrenta a una crisis estructural bestial y, posiblemente -por causa del ruinoso proyecto Arteria-, a una crisis financiera de considerables proporciones, con una importante caída de ingresos debido a la repercusión en el sector de la propia crisis económica y a un canon digital -cuyos ingresos eran importantísimos- derrumbado también en esencial parte por la sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona en el caso Padawan tras la resolución al respecto del Tribunal de Justicia de la UE y subido al patíbulo por la condena a muerte -aún no ejecutada, por cierto- dictada por el Parlamento español. El crack que puede suponer Arteria es incalculable, pero basta pensar que -aún sin entrar en lo posiblemente distraído mediante conductas presuntamente delictivas que están bajo una investigación judicial que aún no se ha completado (todavía estamos a la espera de ver si lo del 1 de julio fue un principio y un final o sólo un principio)- se adquirió un inmenso patrimonio inmobiliario a precios de burbuja hinchadísima… y se compró a crédito. En otras palabras, la $GAE tiene una deuda -una deuda enorme- contraída para pagar un patrimonio que seguramente no alcanza el valor de esa deuda. La merma que puede suponer en ese valor el reventón de la burbuja lo dejo a la imaginación, a la evaluación de los especialistas y a la comparación con lo que estamos viendo en la calle con otros patrimonios. Lo que sí es seguro es que si no se quitan de encima Arteria, y en condiciones, además, al próximo gestor de la $GAE le van a salir muchísimas canas.


Pero quizá más grave aún -si cabe- es el derrumbamiento moral que ha supuesto todo esto. La $GAE se había aupado sobre un pedestal de honorabilidad y de victimismo en la defensa del humilde sueldo de sus asociados e, investida de esa honorabilidad, había desenvainado la espada flamígera contra piratas, contra enemigos del copyright (como si eso fuera intrínsecamente perverso), contra activistas del todo gratis, contra ayuntamientos, contra comisiones de festejos, contra el entero gremio de la hostelería y hasta contra las peluquerías y las mercerías. Arrasada por los acontecimientos, esa imagen -que, de todos modos, ya tenía antes muy poca credibilidad- sólo sería ahora motivo de rechifla.

Ese derrumbamiento moral también trasciende de la propia $GAE. Inmediatamente después de los acontecimientos del 1 de julio, las demás entidades de gestión de derechos de autor, claramente en pánico, declaraban a quien quería oirlas que lo que había ocurrido en la $GAE solamente concernía a la $GAE, que sus cuentas y su historial estaban limpios y en perfecto estado de revista y que allá películas si Teddy y compañía habían hecho tejemanejes, que a ellos no les afectaba para nada. Bien, admitiéndolo así, como no puede ser de otra manera a falta de pruebas de lo contrario, no deja, sin embargo, de ser cierto que las entidades de gestión de derechos de autor formaban un colectivo compacto, solidario, cerrado y, de puertas afuera (hacia adentro es otra cosa) bien avenido; no deja de ser cierto que la $GAE, como primo de Zumosol del gremio, lideraba la acción colectiva y patrocinaba -y patroneaba y dirigía- todas las alianzas antipiratería y antivete a saber habidas y por haber. No es extraño que los portavoces de esas alianzas estén bien calladitos desde ese fausto 1 de julio (sin perjuicio de que a ciertos niveles y en ciertos sectores hayan seguido, con casi toda seguridad, realizando lobbyng); sin ambargo, y faltos de la voz de su amo, el silencio ante el público ha sido la representación de repertorio de este verano. Si pensamos en que la promulgación del reglamento Olcese, el que iba a desarrollar la ley Sinde, y que todos dábamos por seguro nos lo iban a emploumar este mismo verano, ha quedado diferida, de momento a octubre (casi parece extraño, al pie mismo de la campaña electoral) podemos hallar el par de doses que nos arrojan la suma de cuatro.

Ahora, la voz de moda es «refundación». Hay que refundar la $GAE. Muy bien, hay que refundar la $GAE pero… ¿bajo qué criterios? Muchos nos preguntamos cuál será la estructura dirigente de una $GAE refundada (¿podremos hablar, por fin de una SGAE, sin gracias tipográficas?), cómo se accederá a ella (eso quiere decir plantearse la morfología de los procesos electorales) y cuáles serán los criterios de recaudación, quién y como los fijará y cómo se ejecutarán. Difícil, muy difícil, ojo.



Pensemos que la $GAE es una organización muy berroqueña. Cualquier profesión -imaginemos un colegio profesional cualquiera- tiene varios puntos en común con las demás y con el resto de la sociedad: hay un pequeño puñado de cracks, hay otro pequeño puñado de nulidades y de estropicios profesionales y hay una gran masa de profesionales medios, sólidos y fiables, pero sin alharacas. En la $GAE hay un puñado de cracks (en la medida en que lo sean, y no unos simples beneficiarios de la lotería de la promoción empresarial), otro pequeño puñado de profesionales medios, sólidos y fiables y una gran masa proletaria que no se come un rosco. Además, en la $GAE puede verse un fenómeno que no se ve en ningún otro gremio ni colectivo profesional: los herederos. Cuando un arquitecto, un médico o un administrativo contable fallecen, adiós, muy buenas. Los herederos reciben su patrimonio en la forma dispuesta por el testamento o por la ley, y si te he visto no me acuerdo. Pero uno de los inauditos privilegios de los artistas estos es que cuando cascan, sus herederos, además de recibir lo bienes del causante, se apuntan a seguir cobrando por los derechos del difunto durante setenta años, que son casi tres generaciones. De Cela, por ejemplo, seguirán cobrando, muy probablemente, sus biznietos y quizá incluso sus tataranietos. Mi pregunta es: si a la cúpula de la $GAE se accede finalmente por voto universal, directo y secreto de todos sus miembros -como debe ser- ¿no será el de los herederos un voto distorsionador? Sin embargo, el voto de los herederos no debería poder soslayarse puesto que tienen derechos. Vaya lío. Por otra parte, forzosamente habrá en la $GAE unos cuantos miles de señores que un día escribieron alguna cosa, que quisieron explotarla o se encontraron con que hubo quien les pagó por ella, para lo cual tuvieron que darse de alta forzosamente en el asunto, pero no han vuelto jamás a trabajar en el arte, siguieron dedicándose -o se dedicaron después- a la arquitectura, la ganadería o la venta y distribución de fajas y sostenes. Puesto que, no obstante, tienen derechos, también deberían poder, insoslayablemente, votar.

¿Se mantendrán, por estas razones, en el voto censitario? ¡Pues menuda refundación! Pero tampoco deja de tener razón Caco Senante -dicho sea sin que siente precedente- cuando asegura que, con este panorama que yo mismo describo, el voto universal e igual de todos los socios sería una especie de catástrofe. Átame, pues, esta mosca por el rabo, pero el problema es, en todo caso, de ellos: en su afan monopolístico, en su ansia por impedir que nadie en el mundo artístico pudiera ir por libre, forzaron -cuando menos por la vía de hecho- la afiliación a la $GAE, la hicieron prácticamente obligatoria. Ahora, por causa de ese dilema, sufren los lodos a los que les llevaron esos polvos.

Tengo también una gran curiosidad -no exenta de escepticismo- cuando unos y otros auguran una nueva etapa de mayor amabilidad con el usuario, de menor rapacidad recaudatoria. Eso tengo yo que verlo porque, de otra manera, me va a costar creerlo: con el canon hecho polvo, pendientes de ver si el invento (ignoto, por cierto) con que será sustituido se acercará siquiera a la ubérrima recaudación del canon, con la deuda que les va a quedar de Arteria (porque, con la que está cayendo, aunque se quiten de encima Arteria, no conseguirán hacerlo en condiciones de cubrir deudas), tengo muy serias dudas de que aflojen las garras de la recaudación. Siempre queda una posibilidad, claro y, después de todo, con la que está cayendo, repito, asegura Rajoy que va a bajar los impuestos, y si puede hacerlo Rajoy no sé por qué no habría de poder hacerlo la $GAE. Ya veremos, a la hora de la verdad, qué hacen los unos y el otro.

En fin, que habremos de esperar unos meses para ver la solución, si puede hablarse de solución, que no sé yo… Al parecer, las magnas elecciones refundatorias van a ser a principios de 2012, pero según va avanzando el juez Ruz, no sé yo qué pasará de aquí a entonces. Pensemos que, aunque nos parezca una eternidad, desde aquel glorioso 1 de julio sólo han pasado poco más de dos meses y medio; hasta las elecciones de la $GAE pasarán, largamente, cuatro meses. Y tal como está el patio, además de meses, pueden pasar cosas. Más cosas aún.


Lo que sí es seguro, es que el 1 de julio marcó un antes y un después en muchas cosas. Y no es la económica la más importante: la más importante es que la $GAE ha perdido toda la autoridad moral de la que otrora presumió («presumir» es distinto de «tener») y ahora van a tener que cuidar muchísimo el lenguaje (entre otras muchas actitudes): seguir hablando de piratas y de ladrones, podría atragantárseles en una especie de efecto boomerang.

Y es que ya lo decía mi abuelo: no escupas hacia arriba, que te puede caer en la boca.

REPRODUCIDO DE EL INCORDIO.


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