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Cultura

La Sgae ya está acorralada


Puede que los autores y socios de la SGAE sean conscientes de la gravedad de la crisis que ha sacudido la entidad, pero tal vez no hayan medido del todo sus consecuencias. Hay algo nuevo y preocupante sobre el tablero, algo que puede convertirse en un terremoto más serio para la SGAE, y que no tiene que ver directamente con el juez Pablo Ruz, la operación «Saga» ni los detalles del sumario.




JESÚS GARCÍA CALERO / ABC..- La SGAE reconocía ayer ante sus socios —después de verlo publicado en ABC— que el Ministerio de Cultura les hizo llegar el pasado viernes un oficio de apercibimiento conminando a la entidad a mejorar sustancialmente la información que ofrece de manera oficial a la Administración. La cosa es bastante seria, aunque tiene su guasa.

Es muy seria porque la Ley de Propiedad Intelectual solo prevé un apercibimiento como este en el artículo 149, que trata sobre la revocación de la licencia a una entidad de gestión. De este modo, si la SGAE no cumple en un plazo de cuatro meses con lo ordenado —informar detalladamente sobre su funcionamiento, su organización, sus auditorías externas e internas y cualesquiera otros datos relevantes— el Ministerio iniciará el procedimiento de revocación de la licencia y adiós SGAE.
La cosa también tiene guasa porque esta operación tan drástica la emprende un Ministerio mortecino, en su último mes de mandato (llevan al menos dos legislaturas sin exigir los datos con tanta contundencia y la propia ministra González-Sinde defendía hasta el pasado mes de agosto que las Comunidades Autónomas eran las competentes). Sea como fuere le dejarán el marrónal que venga detrás. ¿Y quién será ministro en cuatro meses, si es que hay ministro?

La política está jugando fuerte sus bazas y no lo hace en cualquier momento. Faltando 40 días para las elecciones generales cabe pensar que el PSOE busca el aplauso final de su electorado, los indignados por el canon y la Ley Sinde, con este gesto tardío, pero justiciero, contra el enemigo público número uno. Por eso no es seguro que estén dispuestos a aprobar nuevos estatutos o respaldar el proceso de renovación actual.

¿Y en el otro lado? Las cosas no se presentan más halagüeñas para la SGAE. Con independencia de que ningún político en su sano juicio aceptaría una situación tan complicada, basta señalar un par de detalles reveladores. Todos los miembros actuales de la entidad que tratan de abrir un proceso de renovación tuvieron papeles, y algunos fueron protagonistas, en la SGAE de Teddy Bautista.

Para un político no puede haber material más averiado que el equipo que calló, consintió o se sometió —si no participó— en la trama cuya investigación no ha hecho más que comenzar. Por eso la enorme crisis provocada por la opaca gestión de la era Bautista ha convertido a la entidad en un modelo irrecuperable.

La SGAE precisa algo más que buenas intenciones. Los autores necesitan buen nombre y seguridad jurídica. Ello pasa por una intervención pública en profundidad y, según fuentes políticas, por la revocación de la licencia y el cambio radical que puede incluso formularse con rango de ley.

Por eso los actuales responsables de la entidad están aturdidos y nerviosos ante la pérdida del antiguo trato privilegiado con el Ministerio. También por el silencio elocuente que les llega desde el PP. Pero lo que más les aturde tal vez sea que ya perciben el sordo rumor de una posible demolición.


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