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La 'I Guerra Digital' contra la censura


Ocho de la tarde del 19 de enero. Un día después de que tuviese lugar la primera macro protesta en internet liderada por los grandes -Wikipedia y Google- contra la ley SOPA (Stop Online Pirate Act) que pretende cerrar las webs que atenten contra la propiedad intelectual, el FBI ponía en marcha una operación y cierra Megaupload, la web de intercambio de archivos que mueve el 4% del tráfico global de internet y 1.000 millones de usuarios únicos al mes.




Alejandro Laso - La protesta de la red no se hizo esperar. El grupo Anonymous orquestaba su particular repulsa contra el cierre de la popular página con un ataque masivo a varias webs del gobierno americano, a la industria musical y a las de quienes han apoyado públicamente la ley SOPA.

Para este grupo de internautas anónimos, el cierre de Megaupload no es más que una anécdota. Ya hay decenas de alternativas en activo –Rapidshare, Fileserver- que funcionan de una forma similar y también saborean las mieles del éxito. Lo que realmente busca Anonymous es una llamada de atención a los gobiernos sobre la importancia de defender la neutralidad de la red.

Con el cierre de Megaupload, el FBI ha querido demostrar su poder al haber 'desconectado', en apenas unas horas y sin previo aviso, a la web que atrae diariamente a cinco millones de usuarios, a la par que ha detenido a sus creadores. Sin embargo, el tiro le ha salido por la culata. Los usuarios han respondido inmediatamente y de forma masiva demostrando la verdadera fuerza que tiene hoy internet.

Echen cuentas. Si para cerrar Megaupload el FBI ha tardado varios meses en conseguir desarticular la maraña de servidores, conocer a fondo su infraestructura y descubrir la identidad y ubicación de los responsables, la red ha respondido en apenas unos minutos con un ataque que ha supuesto pérdidas millonarias a las empresas de entretenimiento más importantes del país, amén de poner el jaque la seguridad de webs tan importantes como la del FBI. Si nos atreviésemos a extrapolar estos hechos a una ‘guerra’, podría decirse que los usuarios de internet han demostrado que son el rival más poderoso que cabe imaginar. Y no es para menos. Anoche ya corría como la pólvora por Twitter el eslogan "somos el 99%”.

Los hechos acaecidos este jueves deben suponer un ejercicio de reflexión para los estados. Ahora lo que toca es bajar la cabeza y empezar a entender que internet no solo está cambiando la forma de vivir, de comunicarnos o de hacer negocio, sino que está alterando las reglas del juego democrático; que la red está por encima de las leyes de un solo país.

Pero a estas alturas, los gobiernos siguen sin entender cómo funciona internet. Creen que el poder que tienen en sus estados es perfectamente válido en todos los entornos y que el método ‘cerrar Napster’ aplicado en 2001 es la clave para poder tener la red bajo control. No se dan cuenta de que han dejado crecer la web sin preocuparse lo más mínimo de ella y ahora que se ha convertido en una 'bestia' imposible de domar quieren ponerle puertas. Mientras tanto, la web y sus usuarios sí han sabido evolucionar y multiplicarse. Actualmente hay más de 2.000 millones de internautas, cinco veces más de los que se contabilizaron a principios de siglo, cifra que invita a recapacitar sobre el cómo se deben hacer las cosas.

De nada vale que los gobiernos sigan cediendo ante las presiones de las grandes industrias como la musical o la cinematográfica, que están ancladas en los gloriosos años 90 donde ganaban dinero a espuertas. Internet también tiene su voz y es necesario que sea escuchada. Y se antoja urgente encontrar un punto medio entre el ‘todo gratis’ de los internautas y las exigencias de la industria si queremos garantizar un futuro próspero a la propiedad intelectual.

Los estados deben entender que cada decisión que ponga en peligro la neutralidad de la red va a tener una respuesta inmediata por parte de los usuarios. Si el cierre de Megaupload ha sacado a relucir la ira de los internautas, imagínense lo que ocurrirá cuando la ley SOPA entre en vigor. Ahora le toca mover ficha a EEUU. Recapaciten. Estaremos expectantes.

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