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La SGAE, un año después


Hace hoy un año la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) vivía una jornada electoral que acabó con la consabida victoria de la candidatura de Eduardo Bautista: parecía que todo seguía igual, pero la calma duró unas horas, las que tardó la Guardia Civil en aparecer y cambiar la entidad para siempre.




Carmen Naranjo Madrid, 30 jun (EFE).- Un año después, aquello que el 30 de junio de 2011 parecía inalterable, "la SGAE de Teddy Bautista", ya no existe, aunque las investigaciones de la operación que llevó a cabo la Guardia Civil por orden de la Audiencia Nacional al día siguiente de las elecciones se mantienen abiertas.

Eran las once de la mañana del 1 de julio de 2011 cuando medio centenar de agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) del instituto armado, personal de la Agencia Tributaria y de la Intervención General del Estado adscritos a la Fiscalía Anticorrupción llegaron al Palacio de Longoria en la madrileña calle de Fernando VI, sede de la SGAE, y empezaron las detenciones.

En total, ese día fueron arrestadas por orden de la Audiencia Ncional nueve personas, entre ellas José Luis Rodríguez Neri, considerado el cerebro de la operación de desvío de fondos a través de la Sociedad Digital de Autores y Editores (sDae), y Bautista, entonces presidente del Consejo de Dirección de la entidad.

La Guardia Civil investigaba desde 2008 sus operaciones en la entidad y la Fiscalía Anticorrupción había presentado una denuncia en 2010.

Según el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz, se había llevado a cabo un desvío de fondos en la SGAE mediante una trama empresarial "parasitaria" de la entidad "ideada" por Neri, aunque "autorizada, consentida y también impulsada" por Bautista.

Además de Bautista y Neri, fueron detenidos la mujer de este último, María Antonia García Pombo, y su cuñada, Eva García Pombo; el director general de la SGAE, Enrique Loras; el director financiero, Ricardo Azcoaga; el responsable de la empresa Microgénesis Rafael Ramos; su mujer, Elena Vázquez Serrano, y el empleado de la misma Celedonio Martín.

Bautista, imputado por delitos de apropiación indebida, administración fraudulenta y delito societario, abandonó su cargo en la SGAE doce días después de ser detenido y tras permanecer 34 años al frente de la entidad.

Así acabó toda una "era" con la que la actual SGAE ha querido romper: la investigación judicial y la realizada por la propia entidad no han hecho más que poner de manifiesto el poder "exorbitante y desmesurado" acumulado por Bautista durante años.

Era una especie de "monarca absoluto" que acometió "estrategias visionarias", en palabras del responsable de la Comisión de investigación de la entidad, el exmagistrado Ramón López Vilas.

Aquellos acontecimientos "expusieron a la SGAE a un triple enjuiciamiento: el de la Audiencia Nacional (...), el de los socios y usuarios y, por último, el de la sociedad civil", recuerda la comisión rectora que se hizo cargo de la entidad.

Ante esta situación, los socios de la SGAE decidieron apostar por la refundación de la entidad, reformando sus estatutos y convocando unas nuevas elecciones, a las que pudieron concurrir más de 21.000 autores y editores, frente a los 8.220 que tenían derecho al voto diez meses antes.

Unas elecciones que dieron como resultado una directiva muy plural, integrada por miembros de cuatro candidaturas y un independiente, Miguel Ríos, y que el 8 de mayo eligió como presidente al candidato más votado, Antón Reixa, escritor, músico, director y productor de cine.

"No hay vuelta atrás. Aquí empieza la nueva SGAE". Con esta frase, Reixa quiso resumir nada más ser elegido la ruptura con el polémico pasado de la entidad.

Porque además de "devolver" la SGAE a sus socios, la entidad quiere reconciliarse con la sociedad. Así, ha acordado enterrar "el hacha de guerra" con los internautas, abrir una etapa de diálogo y se dispone a aplicar un manual de "buenas prácticas" para sus comerciales.

Queda por ver si, como bromeó en una rueda de prensa el pasado jueves el presidente de la SGAE, mañana recordarán aquel 1 de julio en el Palacio de Longoria luciendo un tricornio

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