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¿Tan necio es el vulgo?


Internet es, en el ámbito empresarial, para unos, una oportunidad de negocio vendiendo bienes o prestando servicios para su acceso (software, ISP, compañías telefónicas, etcétera); para otros, simplemente un territorio más de negocio en el que ofrecer sus productos o servicios, no necesariamente ligados a esta tecnología (tiendas virtuales); para algunos más, es un ámbito de aprovechamiento publicitario; para las personas es un medio de comunicación (un modo de comunicación, más propiamente) y una importante via de acceso a la información y al conocimiento.





Para algunos “yuppies” ignorantes, Internet es algo que está en un ordenador y el ordenador es cosa de secretarias y de administrativos; muchos políticos, además de coincidir con los “yuppies” ignorantes, alcanzan a ver en Internet un modo de lucimiento electoral (después de todo... ¿qué es la gente? Chusma: secretarias y administrativos).

Fieles a esta visión de las cosas, estos políticos siguen casi al pie de la letra los versos de Lope de Vega:

“El vulgo es necio y, puesto que paga, es justo hablarle en necio para darle gusto”

Con una pequeña diferencia: al vulgo necio, Lope le daba buen teatro. Veamos un ejemplo de lo que nos dan los políticos mencionados.

En la pasada primavera, la Generalitat de Catalunya presentaba, en un entorno de verdadero espectáculo a la americana, la Administració Oberta de Catalunya fruto de un consorcio entre Localret (a su vez un consorcio administrativo-virtual de los municipios catalanes) y la Generalitat de Catalunya, al 40 y 60 por 100 de participación respectiva, y que, decían, iba a prestar, simultáneamente, dos servicios: uno, el de ventanilla única; otro el de administración virtual. Esa Administració Oberta, que funcionaría esencialmente a través de Internet y del teléfono, pero que también incluía, en un primer planteamiento -que ignoramos si sigue en pie- la atención presencial, estaría gestionada por una empresa, CAT365, creada especialmente para la ocasión y cuyos directivos eran básicamente -y siguen siendo- ex-cargos públicos de las distintas administraciones catalanas.

Ya en un primer momento hubo recelos y objeciones. Un sector del funcionariado acusaba a la AOC de haber sido diseñada en las alturas sin haber contado con la participación técnica de los profesionales de la administración pública; por otra parte, la estructura que se había creado parecía consistir esencialmente en un muro de empresa privada que separaba a los ciudadanos de los empleados públicos. En el mundo internauta también se arrugó la nariz desconfiando de un proyecto que hubiera debido nacer, en efecto, pero no antes de haberse puesto remedio y dado satisfacción a ciertas importantes carencias y necesidades, como las derivadas de la exclusión tecnológica por causas sociales y culturales o por causas técnicas o empresariales, como la pereza y la codicia de las “telecos”, verdadera barrera para la universalización, primero de Internet en cualquier calidad y, segundo, en la banda ancha. Y, para acabarlo de arreglar, muy pocos días después de la solemne y hollywoodiana inauguración, varios ayuntamientos integrados en Localret denunciaban que la AOC apenas prestaba otro servicio que el de enlazar con las corporaciones locales que mucho antes de la puesta en marcha de la AOC ya ofrecían gestiones oficiales a través de Internet

Con el paso de los meses, se fue viendo que la AOC no había sido sino una costosa operación de prestigio político edificado en falso; se diría que una vez realizado el show mediático, en la plaza de Sant Jaume se perdió todo el interés por la AOC, que languidecía ahogándose en un mar de inoperancia (aunque en los últimos días, época electoral manda, se haya revitalizado el montaje mediático-publicitario de la AOC a beneficio del partido en el poder). Desde el primer momento se observó que el portal CAT365 no respetaba, en absoluto, los estándares de W3C, lo que en otras palabras significa que la AOC no podía ser utilizada por los ciudadanos que utilizaran navegadores distintos a Microsoft Explorer o Netscape Navigator (y aún este último no en todas sus versiones: “pinchaba”, precisamente y entre otras, la única que existía en catalán).

El pasado mes de septiembre, directivos de CAT365 citaron a representantes de diversas entidades de lo que podríamos llamar “sociedad civil virtual”; básicamente Softcatalà e HispaLiNUX. Curiosamente, la Asociación de Internautas no fue citada, si bien los dos representantes de HispaLiNUX eran también socios de la AI. La reunión fue planteada como un cambio de impresiones, como un análisis de la entonces corta trayectoria de CAT365 y de la AOC. Aunque las entrevistas fueron por separado, los acontecimientos parece que fueron básicamente iguales: por parte de CAT365 se pidió al “entorno” un poco de paciencia y “cuartelillo”; los representantes de las entidades interlocutoras respondieron que, sin perjuicio de otras consideraciones que inexcusablemente deberían tratarse posteriormente, era urgente, prioritario y perentorio que se respetaran los estándares en el portal CAT365 y que se procediera a las reformas necesarias inmediatamente. La respuesta fue que se emprendería ese camino, aunque por parte de CAT365 nadie fijó plazos. Casi medio año después, el portal sigue exactamente igual que entonces: inasequible para quien no utilice MS Explorer o algunas versiones de Netscape; Mozilla, Opera, Konqueror y muchos otros, continúan teniendo graves dificultades -por no decir francas imposibilidades- para que sus usuarios puedan utilizar los pocos servicios que ofrece el portal de la AOC, y el servicio de asistencia técnica por email “no sabe o no contesta” y si contesta lo hace con respuestas enlatadas que nada tienen que ver con la consulta.

Este es el gusto que le dan al vulgo (que paga, por cierto, no lo olvidemos): Lope nos dio “El caballero de Olmedo”; la Generalitat de Catalunya nos ha dado la Administració Oberta de la mano de CAT365.

Artículo realizado por Javier Cuchí y Luca Olivetti.


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