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opinión de javier cuchí

La picota autoral






Han sido años muy duros para la Asociación de Internautas: golpear a Leviatán no sale barato y nuestra entidad ha pasado momentos de verdadero apuro, básicamente económico, que nos hubieran llevado al cierre de no haber sido por la solidaridad de los internautas españoles, que se lanzaron a proveer nuestras cajas de resistencia. Esta solidaridad fue, sí, suficiente para salvar a la Asociación del cierre, pero no de unas dificultades económicas muy severas que se han prolongado hasta no hace mucho. Cuántas veces nos habremos preguntado dónde estarían los cheques de las tecnolçogicas de cuya recepción frecuente y pródiga nos acusaban los turiferarios de la SGAE miembros de su directiva o afectos -nada gratuitos- a ella.

Pero ahí están los resultados, a la espera de que el fiscal solicite la apertura de plenario y formule sus conclusiones provisionales.

En un momento, por cierto, en que en la SGAE vuelve a haber lío y vuelve a haberlo precisamente a causa de los manejos económicos presuntamente delictivos que algunos parece que han realizado a la sombra de la entidad. Y en un momento en que parece que los autores -algunos autores, cuando menos, aunque no pocos- se están sublevando contra la Sociedad y su forma de regirse. Ojalá se hubieran percatado de ello en otros tiempos en vez de ser ciegos y acríticos palmeros de Teddy y sus compinches: de otro modo nos hubieran ido las cosas a todos. Quizá también al propio Teddy: lo que ya no sé es si para bien o para mal.

A raíz de la instrucción -y a la espera de ver lo que pasa en el juicio- han salido a la luz indicios importantes de fraude en la gestión económica de la SGAE y esta fase puramente indiciaria (racionalmente indiciaria) ya debería ser suficiente para que el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte se replantease seriamente el papel de las sociedades de gestión de derechos de autor; y no sólo eso, sino que llevara a cabo también una profunda autocrítica, porque más allá de si Teddy hizo o no hizo, más allá de si no sé qué con las emisiones nocturnas de música, más allá de cualquier otra cosa que, en su momento, los jueces perfilarán debidamente, estamos ante un monumental fracaso del Ministerio en su dejadez a la hora de cumplir con su obligación legal de tutelar y supervisar el funcionamiento de las entidades de gestión, incumplimiento que ha dado lugar a grandes perjuicios a los ciudadanos y -en constatación de lo que en su día advertimos reiteradamente- a los propios autores. Y esta autocrítica debería abarcar a varios equipos ministeriales -altos funcionarios incluidos- por si ha habido algo más que simple negligencia o dejadez, porque ahí están las sospechas de amigable connivencia con muchas trapazadas que, al amparo de una legalidad cuya elaboración hemos visto y denunciado siempre como poco transparente y en fraude democrático, han llevado a cabo no sólo la SGAE, sino muchas otras sociedades de gestión.

Que no piense nadie que estamos únicamente ante problemas exclusivos de una etapa o de un personaje y sus compinches; esa es la anécdota. La categoría es que el sistema actual -que es el tradicional- de funcionamiento y atribuciones de las sociedades de gestión de derechos de autor no sólo es obsoleto sino tremendamente perjudicial.

Tremendamente perjudicial no sólo para los usuarios de tecnologías de información y comunicación (lo de internautas ya se está haciendo viejecito), no sólo para los autores, sino, sobre todo, para la entera sociedad española y para el entero desarrollo digital del país, precisamente en una fase crucial para el mismo.

Y eso ya son palabras mayores.

Javier Cuchí

@cuchibeltran


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