Mesa redonda: Privacidad y gestion de los datos en el mundo digitalt



   Noticias - 16/Octubre/00

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Una Red de seguridad jurídica

Numerosas iniciativas legales y burocráticas tratan de dar protección a los negocios en Internet

ALBERTO DE LAS FUENTES

Parece que no ha pasado el tiempo. Si se fuerza la imaginación, estos días es posible pensar que el mundo ha retrocedido 25 años: crisis en Oriente Medio, subidas del petróleo, conmoción en las bolsas e impresión psicológica de que se avecina un cambio de ciclo económico. Algo que para nada beneficia a las empresas de Internet. Además, aún no se ha pasado una cierta impresión de que todo lo relacionado con la Red es un camelo o sinónimo de problemas financieros.

Como asegura Jesse Berst, el director editorial de ZDNet Anchordesk, una de las voces más respetadas del periodismo digital, “los venture capitalists (inversores de capital riesgo) y otros inversores sufren ahora de miopía colectiva, lo que les lleva a difuminar el valor de las buenas ideas”.

Era tal el componente especulativo que, una vez pasada la ilusión de un enrriquecimiento desmedido y casi instantáneo, el capital ha cogido pánico a invertir en la Red. La situación se podría comparar a la de quien resulta estafado con el timo de la estampita: esperaba obtener unas ganancias fáciles y sin esfuerzo y se encuentra con que todo lo que tiene en sus manos son unos trocitos de papel sin valor.

Al retirarse, los grandes aluviones de capital que distorsionaron el mercado y provocaron la tan anunciada burbuja especulativa, han dejado un aluvión de empresas en dificultades. Y esto vale lo mismo para las ideas de negocio más peregrinas como para algunas iniciativas muy válidas. Incluso Yahoo!, que acaba de lograr unas ganancias de 15.400 millones de pesetas (81,1 millones de dólares) para el tercer trimestre del año, ha visto cómo sus acciones caían un 20,9% tras anunciar sus buenos resultados.

Ahora bien, conviene recordar que la implantación de una economía de Internet aún está en sus primeros balbuceos. Y no sería prudente, ni inteligente, enterrarla antes de tiempo.

Factores complementarios

Algo más que se ha demostrado ya claramente, a estas alturas de la película, es que la tecnología es un factor necesario pero no suficiente: necesita muchos otros factores complementarios.

Así, como explica Gary Abramson en su excelente artículo Balance de Prioridades, publicado en CIO Magazine, las empresas tradicionales que se lancen a la Red deberían dedicar apenas un 10% de su presupuesto a tecnología (frente al 82% que hoy es habitual). Y, a cambio, deberían dedicar un 20% a cambiar la cultura de la empresa y otro tanto a contratar gente. El restante 50% debería irse a gestionar la información, mejorar los procesos, e implantar organización y liderazgo. Sólo así se logrará que cada peseta invertida en cacharrería, software y programación informática sea aprovechada al máximo por el resto de la organización. Y algo parecido ocurre en las sociedades. De poco sirve que la gente compre ordenadores y se conecte, si las empresas les intentan vender cosas que nadie quiere comprar, si faltan profesionales que aporten los contenidos de calidad, etcétera. O, muy especialmente, si se ahoga el espíritu emprendedor de individuos y organizaciones.

El desarrollo exponencial de Internet se ha basado, en buena parte, en el aprovechamiento de un campo de libertad excepcionalmente amplio. La Red era un terreno de nadie, donde no existían –y si las había no se respetaban– ningún tipo de restricciones legales o psicológicas. Algo que no tiene por qué ser malo. Como señala el candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Al Gore, en una reciente entrevista en la revista digital Red Herring “El sistema democrático norteamericano es una temprana versión política de Napster (...) Y la capacidad de distribuir inteligencia es la clave para el avance de la civilización humana. Dictaduras, países comunistas y monarquías, todos ellos en el pasado acabaron colapsando por su ineficiencia en mover información y creatividad a los lugares donde se necesitaba”.

Control legal de la Red

El mismo efecto que una dictadura lo puede tener un sistema legal y administrativo excesivamente pesado y burocratizado. En definitiva, son formas diversas de poner dificultades en el libre fluir de la información. Así, resulta fácil entender la alergia de numerosos internautas por cualquier intento de legislar sobre Internet. Un poquillo de descontrol puede ser malo. Pero un exceso de regulación puede matar el mismo espíritu de la Red. En cualquier caso, como explica Carlos Sáez, de Anguiano y Asociados, “ya no sólo se intercambia información, sino que ser realizan transacciones monetarias, contrataciones... y esto requiere una confianza jurídica, lo que los anglosajones denominan trust”. Para tratar de proporcionar esta protección a los negocios en la Red, a principios de julio la Unión Europea aprobó una directiva comunitaria sobre comercio electrónico. Y en estos momentos, el ministerio español de Ciencia y Tecnología trabaja sobre el segundo borrador de un Anteproyecto de Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico. Por cierto, cualquier ciudadano puede revisar este último documento y proponer modificaciones, visitando www.sgc.mfom.es/mapa/sitemap.htm y pinchando sobre Consulta Pública de Anteproyecto de Ley sobre Sociedad de la Información.

Para Víctor Domingo, presidente de la Asociación de Internautas, tanto la directiva como el anteproyecto son, en principio, “bastante saludables, aunque se les pueden poner pegas”. Así por ejemplo, se contempla la obligatoriedad de que los prestatarios de servicios en la Red radicados en España estén obligados a cumplir el trámite burocrático de inscribirse en un registro. Además, se admite el envío de e-mails comerciales no autorizados (spamming) aunque se exige que los internautas puedan darse de baja apuntándose en una lista Robinson. Y como señala Carlos Sáez, “la redacción del anteproyecto debería ser más precisa, porque hay muchos conceptos jurídicamente indeterminados, del tipo cuando razonablemente sea posible, que dotan de mucha subjetividad a la norma”. Finalmente, ni la directiva ni el anteproyecto pueden resolver satisfactoriamente las cuestiones relacionadas con la supranacionalidad de la Red. Y es que la legislación europea sólo puede aplicarse en el entorno de los 15 pero Internet conecta ya 170 países.

El problema de las patentes

Hay textos legales que pueden ser contraproducentes. Como explica Víctor Domingo, de la Asociación de Internautas, “hay terrenos en los que, en el momento en el que legisles, y aunque todo el mundo actúe de buena fe, seguro que te equivocas”. Pero de las iniciativas legales para la Red hay una especialmente preocupante para empresas e internautas: la de las patentes sobre el software. Como explica Jesús González Barahona, profesor de informática de la Universidad Carlos III, “hasta hace 15 años no se admitían patentes sobre desarrollos informáticos, hasta que empezaron a permitirse en Estados Unidos y después en Japón”. El problema es que lo que protegen estas patentes no es un nuevo dispositivo industrial, sino a menudo un algoritmo o una fórmula matemática. Numerosas empresas, con hacer cualquier programa pueden estar tocando, sin saberlo, una patente de software. Y es que, como señala Barahona “la historia de la informática está llena de reinvenciones de ruedas”. Últimamente, algunas empresas como America Online o Unisys han patentado incluso procedimientos de negocios en la Red, que pueden ser obvios en el mundo real. De extenderse el fenómeno, sería el final del software libre y el principio de interminables litigios judiciales para las empresas. Por cierto, la Oficina Europea de Patentes (EPO) debatirá a principios de noviembre la modificación del artículo en el que se afirma que los programas informáticos no son patentables. Más información en http://petition.eurolinux.org/reference/index_html?LANG=es

REPRODUCIDO DE EL MUNDO